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Enfermedad de Parkinson y enfermedad cerebrovascular comórbida

Medicina
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Nanhoe-Mahabier W, De Laat KF, Visser JE, Zijlmans J, De Leeuw FE, Bloem BR.
Nature Reviews Neurology 2009; 5: 533-41

La enfermedad de Parkinson es una patología compleja debido a su naturaleza progresiva y presentación clínica heterogénea. Esta enfermedad no afecta a todos los pacientes con la misma gravedad y el tratamiento no tiene el mismo efecto en todos ellos. Otro importante factor, aunque frecuentemente subestimado, que le confiere complejidad es la ocurrencia de otras patologías comórbidas, es decir, distintas entidades clínicas adicionales que tienen lugar durante el transcurso clínico de esta enfermedad. De esta manera, muchas comorbilidades pueden contribuir a la complejidad de la enfermedad de Parkinson y la presencia simultánea de múltiples factores puede tener un efecto acumulativo.

La incidencia de la enfermedad de Parkinson aumenta con la edad, de manera que las enfermedades asociadas a la edad estarán de modo más frecuente entre las comorbilidades asociadas a esta patología, como, por ejemplo, las enfermedades cerebrovasculares. Éstas se pueden definir como cualquier evento o lesión isquémica, incluyendo los síntomas clínicos y signos de ataque isquémico transitorio y/o accidente cerebrovascular isquémico y/o lesiones de la sustancia blanca o infartos demostrados radiológica o patológicamente.

En general, los pacientes con enfermedad de Parkinson presentan un riesgo elevado de padecer enfermedades cerebrovasculares comórbidas en comparación con la población general, aunque hay cierta inconsistencia en la literatura médica al respecto, probablemente debido a diferencias metodológicas de los estudios, como diversas definiciones de enfermedad cerebrovascular.

Los pacientes con enfermedad de Parkinson tienen una serie de factores de riesgo que pueden propiciar el desarrollo de enfermedades cerebrovasculares, pero también presentan algunos factores protectores. Los posibles mecanismos patofisiológicos que podrían afectar a la asociación entre ambas enfermedades se muestran en el esquema de la figura 1 y son: fumar, el tratamiento con levodopa, hipertensión supina e hipotensión ortostática, inmovilidad y valvulopatías cardíacas. El equilibrio específico entre todos estos factores probablemente determina si un paciente desarrollará o no enfermedades cerebrovasculares comórbidas.

Figura 1
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Figura 1. Posibles mecanismos patofisiológicos subyacentes en la asociación de la enfermedad de Parkinson con las enfermedades cerebrovasculares. Los mecanismos protectores están indicados por un signo menos y los factores de riesgo por un signo más.

Lo que sí que está demostrado es que los pacientes con enfermedades cerebrovasculares comórbidas presentan un riesgo extra de desarrollar una o más complicaciones incapacitantes de la enfermedad de Parkinson, lo que puede producirse más temprano de lo normalmente esperado en el curso de la enfermedad (lo que puede servir de indicador para la enfermedad de Parkinson idiopática pura) o de una forma más pronunciada o resistente al tratamiento. Estas complicaciones son: alteraciones en la marcha y el equilibrio, depresión, incontinencia urinaria, deterioro cognitivo e incluso demencia.

 
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