Dinosaurio jorobado adelanta la aparición de las plumas
Publicado online el 29 de agosto de 2010 | Nature | doi:10.1038/news.2010.436
Dinosaurio jorobado adelanta la aparición de las plumas
El reptil con joroba podría haber lucido un primitivo plumaje.
Lucas Laursen
 [ El Concavenator corcovatus podría haber tenido plumas y una misteriosa joroba. Raúl Martín ]
Un dinosaurio depredador con protuberancias óseas en sus brazos y una extraña joroba en su espalda ha demostrado que las plumas aparecieron antes de lo que pensaban los investigadores, según un artículo publicado en la revista Nature1.
La nueva especie, llamada Concavenator corcovatus, medía unos 4 metros de largo desde la nariz hasta la cola y vivió durante el período Cretácico temprano, hace alrededor de 130 millones de años. Sus descubridores, encabezados por el paleontólogo Francisco Ortega, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid, encontró el fósil en una meseta semiárida del centro de España llamada Las Hoyas, que durante el Cretácico inferior probablemente fuera un humedal subtropical comparable a los actuales Everglades.
Pero son las protuberancias de los brazos del dinosaurio las que han causado un gran revuelo: los investigadores piensan que pueden haber formado parte de estructuras que anclaban las plumas a los huesos de la criatura.
Se sabe que una rama del árbol genealógico de los dinosaurios, denominada Coelurosauria, tenía plumas y estructuras de anclaje para éstas. Ese linaje, que incluye al Tyrannosaurus Rex y al Velociraptor, también contiene los antepasados de las aves actuales. Sin embargo, cuando Ortega y su equipo trataron de colocar su hallazgo en el árbol evolutivo, encontraron que sutiles características, como la forma y la textura de otros huesos, lo situaban en una rama vecina de depredadores, los Allosauroidea, que hasta ahora nunca había tenido ni rastro de plumas.
Sin embargo, las protuberancias en los brazos del Concavenator “parecen exactamente como inserciones masivas de plumas en las alas de un pájaro”, declaró Michael Benton, paleobiólogo de la Universidad de Bristol, Reino Unido.
Si la interpretación de Ortega y sus colegas sobre las protuberancias es correcta, implica que los dinosaurios presentaban estructuras similares a las plumas mucho antes de lo que se pensaba. Debido a que es improbable que estas estructuras hayan evolucionado por separado en ambos grupos, Ortega afirmó que el Neotetanurae, el ancestro común de las dos ramas de dinosaurios depredadores, “podría haber tenido plumas”. Como el Neotetanurae vivió durante el Jurásico medio (hace de 175 a 161 millones de años), antes de que apareciera el Coelurosauria, “estamos adelantando la época en que aparecieron estructuras similares a las aves”, añadió Ortega.
Doble misterio
El esqueleto fósil del Corcovenator está bien conservado. Además de las pequeñas protuberancias que podrían haber alojado las plumas, tiene una característica mucho más vistosa: sus vértebras 11 y 12 sobresalen aproximadamente el doble que el resto. A diferencia de los dinosaurios como el Spinosaurus, que tenía aletas continuas o velas en su espalda, el Corcovenator parece tener una cresta corta.
“Una posibilidad es que sea similar a las crestas de la cabeza utilizadas en representaciones visuales”, afirmó Roger Benson, paleontólogo de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Ortega y su equipo están de acuerdo con esa posibilidad, pero también afirmaron que podrían utilizar dichas estructuras para bajar la temperatura, como las orejas de los elefantes, o para el almacenamiento de energía, como la joroba de los camellos.
Hasta que los paleontólogos encuentren más fósiles con dichas características, la función de la joroba seguirá siendo un misterio. Benton aseguró que por ahora “no podemos decir otra cosa que ‘¿No es raro?’”.
Según Benton, hay otra cuestión abierta relacionada con la biología de las aves: “¿Cuál es el rango de estructuras similares a plumas en los dinosaurios que no existen en las aves actuales?”. Las protuberancias del brazo del Concavenator evocan las de las aves con plumas, pero pueden haber sido anclajes para otras estructuras como cerdas de queratina, la misma proteína que forma las plumas, la piel y las uñas. También añadió que podría haber otros callejones evolutivos sin salida, como las protuberancias del Concavenator, que a los actuales biólogos expertos en aves les gustaría saber.
“Vamos a tener que concebir los dinosaurios más parecidos a los pájaros”, declaró Ortega. Y Benson estuvo de acuerdo: “La mayoría de los alosaurios se representan como animales lentos y pesados, muy lejanos de las aves. Lo que esto nos dice es que también puede haber otras especies más parecidas a las aves”.
Referencias
1. Ortega, F., Escaso, F. y Sanz, J. L. Nature 467, 203-206 (2010).
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