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La industria centra su atención en inmunología y cáncer

[Publicado online el 4 de noviembre de 2008 | Nature | doi: 10.1038/456006a]

La industria centra su atención en inmunología y cáncer

La cardiología y la anemia derrotadas en la búsqueda del próximo éxito farmacéutico
Heidi Ledford

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Cuando Wyeth Pharmaceuticals anunció la semana pasada su recorte en los programas de Investigación y Desarrollo (I+D) en salud femenina, la decisión pareció contradictoria. El gigante farmacéutico, con sede en Nueva Jersey, es conocido por su trabajo en contracepción y terapia de sustitución hormonal. Por otro lado, la decisión también sonó familiar: el 30 de septiembre, la compañía Pfizer, con base en Nueva York, también anunció su recorte en I+D, eliminando programas de investigación en nueve áreas incluyendo la del colesterol, en la que Pfizer había sido líder.

Ambas compañías, como muchas de la industria farmacéutica de todo el mundo, se están apretando los cinturones para enfrentarse a la creciente amenaza de los fármacos genéricos, las regulaciones más restrictivas y las distribuciones cada vez menores. En 2010 Pfizer afronta la expiración de su patente multimillonaria del fármaco para reducir el colesterol Lipitor (atorvastatina) y Wyeth ha lanzado un programa de recorte de gastos llamado Project Impact para reducir miles de empleos de su plantilla.

En respuesta a tales cambios, la industria farmacéutica está cambiando el foco de sus investigaciones de los productos de atención primaria –aquellos más probables de ser recetados por el médico, una vez valorados por su consumo masivo– a fármacos especiales prescritos por los especialistas en áreas tales como la oncología y la neurología. Estos medicamentos constituyeron el 45% de las ventas en 2006 frente al 39% en 2001.1 “La gran industria farmacéutica siempre se ha enorgullecido de su diversidad en I+D”, afirmó Kenneth Kaitin, director del Centro Tufts para el Estudio del Desarrollo de Fármacos de Boston, Massachusetts. “Sin embargo, esto no es ahora posible en las condiciones actuales del mercado.” (Véase “La industria farmacéutica controla en mercado bursátil”.)

“Los nuevos fármacos deben actuar mucho mejor que los que ya están en el mercado antes de que las autoridades reguladoras estén dispuestas a arriesgarse.”

Wyeth se plantea reducir el número de enfermedades que abordan de 55 a 27. En cambio, aumentará su interés en el cáncer y las enfermedades inflamatorias, metabólicas y neurológicas, campos que también se mantienen en la lista de I+D de Pfizer. “Estas áreas representan nuestra mayor probabilidad de éxito”, declaró la portavoz de Pfizer Kristin Neese, quien cita las necesidades médicas aún no cubiertas y el potencial crecimiento del mercado como dos de los criterios de selección. Mientras tanto, la lista de programas de investigación eliminados de Pfizer parece una lista de la compra de enfermedades de atención primaria: colesterol, osteoporosis, afecciones gastrointestinales, osteoartritis y anemia.

La decisión de Pfizer de eliminar la investigación sobre colesterol se ha tomado a pesar de que el Lipitor, un fármaco para reducir el colesterol de la clase de las estatinas, produjo el año pasado 12.700 millones de dólares, convirtiéndose en el fármaco más vendido del mundo. Aun así, “el mercado del colesterol está totalmente saturado”, afirmó Jason Bowers, analista de investigación de mercados de la empresa Decision Resources en Waltham, Massachusetts. “Tan pronto como expire la patente del Lipitor, el mercado de las estatinas caerá en picado.”

La industria en general está apartándose de la investigación de las enfermedades cardiovasculares, incluso cuando son la primera causa de muerte en Estados Unidos. Un reciente análisis de los ensayos clínicos entre 2005 y 2007 reveló un descenso en el número de ensayos con fármacos para las afecciones cardiovasculares tales como la elevada tensión arterial y el colesterol.2

No es totalmente sorprendente, alegó Damien Conover, analista de Morningstar, una empresa de estudios de inversión con sede en Chicago, Illinois. Los recientes escándalos sobre los efectos secundarios de los fármacos, tales como el incremento del riesgo de ictus e infarto en los pacientes que toman el analgésico Vioxx de Merck, han hecho que la Food and Drug Administration de Estados Unidos sea más precavida a la hora de aprobar fármacos. Los medicamentos que llevan años en el marcado son más familiares y a menudo se ven como menor peligrosos, lo que significa que los nuevos fármacos deben actuar mucho mejor que los que ya están en el mercado antes de que las autoridades reguladoras estén dispuestas a arriesgarse. Mientras tanto, las aseguradoras médicas también mantienen los nuevos medicamentos bajo estrecha vigilancia. En áreas masificadas como la enfermedad cardiovascular y otras áreas de atención primaria, el obstáculo es demasiado alto para que las empresas quieran arriesgarse.

Esa situación convierte las áreas especializadas como la inmunología y la neurología en alternativas muy atractivas. El número de casos de artritis reumatoide, por ejemplo, ha aumentado más rápido de lo que se esperaba, lo que ha generado una gran población de pacientes que las empresas están intentando captar.

Y algunos predicen que el nuevo éxito farmacéutico será un tratamiento para el Alzheimer: una enfermedad con un creciente mercado, una tremenda necesidad aún no cubierta de tratamiento y un cuadro de pacientes y familiares dispuestos a pagar cualquier precio por un tratamiento. Wyeth ha liderado la investigación en Alzheimer, tanto en el tratamiento como en el desarrollo de una vacuna. “La gente piensa que en los próximos cinco u ocho años va a haber un gran avance y que la compañía que lo lleve a cabo recibirá una recompensa enorme”, afirma Erik Gordon, decano adjunto de tecnología del Instituto Tecnológico Stevens de Nueva Jersey.

Mientras tanto, la inversión en investigación oncológica ha aumentado regularmente en toda la industria. Algunos ven en la oferta de Eli Lilly, situada en Indiana, de 6.500 millones de dólares por la empresa biotecnológica ImClone como una señal del aumento de la demanda de los candidatos a fármacos para cáncer. Tradicionalmente las aseguradoras también han estado más dispuestas a pagar grandes primas por la terapia oncológica, aunque ahora hay señales de que esta actitud puede estar cambiando. La industria farmacéutica ha aceptado recientemente el cambio hacia las terapias genéticas en oncología, un concepto que hace años avergonzaba a las empresas porque reducía en mercado para un fármaco determinado.

Eso era antes de la industria se diera cuenta de que los pacientes pagarían miles de dólares por un nuevo fármaco muy caro, afirmó Conover. “De pronto, poner límites al mercado es correcto.”

Referencias
1. M. Gudiksen, E. Fleming, L. Furstenthal and P. Ma, Nature Rev. Drug Discov. 7, 563–567; 2008.
2. J. P. E. Karlberg, Nature Rev. Drug Discov. 7, 639–640; 2008.
 
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