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La NASA ya está lista para el agua

Publicado online el 18 de mayo de 2011 | Nature | doi:10.1038/news.2011.300

La NASA ya está lista para el agua

El satélite para controlar la salinidad del océano puede ayudar a resolver algunas cuestiones climáticas.
Jeff Tollefson

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[ Aquarius medirá la salinidad de los océanos. NASA ]

¿Cómo son de salados los océanos? En la década de 1970, los científicos soñaron que un satélite podría responder midiendo las emisiones microondas de los mares.

Ese sueño se está convirtiendo rápidamente en realidad. El 9 de junio, la NASA planea lanzar un nuevo satélite, Aquarius, que permitirá a los investigadores monitorizar las medidas globales de salinidad para responder urgentemente algunas cuestiones climáticas. Como la salinidad está relacionada con la densidad y la evaporación del agua, los nuevos datos podrían ayudar a los científicos a analizar las tendencias de las precipitaciones, así como la circulación oceánica y la absorción de dióxido de carbono por el agua de mar.

“Va a ser un gran avance para la oceanografía”, afirmó Eric Lindstrom, científico del proyecto de la NASA. En particular, declaró, Aquarius puede ayudar a los científicos a confirmar la teoría sobre cómo el ciclo global del agua –que sucede cada día en la evaporación de superficie, la lluvia y la nieve– está cambiando en respuesta al calentamiento global.

Aquarius volará como parte de una misión conjunta con la Comisión Nacional Argentina de Actividades Espaciales, que construyó el satélite principal, así como otros instrumentos de a bordo y que liderará la misión desde la Tierra.

La misión de la NASA sigue a dos proyectos fallidos de observaciones de la Tierra. En 2009, el Observatorio Orbital de Carbono, que habría monitorizado los niveles de dióxido de carbono, no pudo lanzarse; y a principios de este año, la sonda Glory, que habría monitorizado el sol y realizado mediciones globales de los aerosoles, sufrió el mismo destino.

Señales saladas
El corazón de Aquarius es un conjunto de tres receptores ultrasensibles de radio que recogerán la débil radiación microondas emitida naturalmente por el océano. Esas emisiones pueden variar según la conductividad eléctrica del agua, que depende directamente de su salinidad. En conjunto, los tres instrumentos podrán recoger datos de una franja del océano de unos 390 kilómetros de ancho, lo que permitirá a Aquarius recorrer todo el planeta cada siete días, midiendo cambios en la salinidad de hasta 2 partes por cada 10.000 en agua de mar.

Puesto que la mayoría de los datos de salinidad de hace 50 años provienen de las mediciones de los barcos, esto representa un gran avance, afirmó Tim Boyer, oceanógrafo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica en Silver Spring, Maryland. “Definitivamente nos permitirá estudiar los ciclos estacionales a gran escala”, como la pérdida del Amazonas, aseguró Boyer, pero los científicos no saben exactamente cuánto podrán hacer hasta que no vean los datos.

Los niveles de salinidad varían ampliamente a lo largo del océano. Los ríos diluyen el agua de mar en torno a los deltas, mientras que la evaporación puede aumentar la salinidad en un área oceánica sólo para producir precipitaciones que reducen la salinidad en otro. O un fuerte sol, combinado con aire caliente y seco que sopla desde el Sahara, podría aumentar la salinidad en la costa oeste de África, alimentando tormentas que pueden convertirse en huracanes a través del Océano Atlántico.

En los últimos años, los científicos han comenzado a reunir datos de salinidad del océano usando la red Argo de observación. Estas sondas recogen datos en las profundidades del océano y periódicamente ascienden a la superficie para transmitir las mediciones a los científicos. Pero ese sistema sólo recoge datos de salinidad a una profundidad de unos 4 metros. Ahora los científicos están trabajando para desplegar alrededor de 100 flotadores Argo que produzcan un perfil completo de salinidad hasta la superficie.

Estos sensores ayudarán a los científicos a llenar la falta de datos entre Argo y Aquarius, aseguró Steve Riser, oceanógrafo de la Universidad de Washington en Seattle. Y si resulta que las lecturas de la superficie se corresponden con las lecturas a 4 metros, añadió Riser, los científicos podrían extrapolar la salinidad de la superficie a partir de una red de unos 3.200 flotadores. “En base a lo que sabemos hasta ahora –afirmó Riser–, yo sospecho que la mayoría de los flotadores Argo tendrán validez.”

Para Raymond Schmitt, científico senior del Instituto Oceanográfico Woods Hole en Massachusetts, Aquarius podría ayudar a resolver una aparente discrepancia entre los modelos climáticos globales y las observaciones históricas de la salinidad de los océanos.

Se espera que el calentamiento global acelere el ciclo del agua. Debido a que el aire caliente contiene más agua, se podría esperar más evaporación, más precipitaciones y, por consiguiente, más tiempo extremo. Las observaciones de los últimos 50 años parecen confirmar que estos cambios están dejando su huella en la salinidad del océano: las regiones saladas se han convertido en más saladas, mientras que las regiones menos salada cada vez lo son menos.

Si bien los datos de salinidad podrían sugerir una aceleración masiva del ciclo del agua, explicó Schmitt, los modelos climáticos sugieren que los vientos más débiles compensan los efectos de las temperaturas más altas, dando lugar a un aumento más moderado del ciclo del agua. También es posible que el calentamiento global esté impulsando cambios en la circulación oceánica que podrían contribuir a cambios en la salinidad, pero es poco probable que esto explique el efecto conjunto.

“Tenemos razones para sospechar que el ciclo del agua está cambiando mucho más rápido de lo previsto, y esto podría ser grave”, ya que se traduciría en un clima más extremo en los próximos años, afirmó Schmitt. Responder a estas preguntas no será fácil, incluso con los nuevos datos. “La misión de Aquarius no es fácil, pero, para mí, la salinidad del océano es el mejor indicador de los cambios en el ciclo del agua.”

 
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