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Las células inmunes de diseño luchan contra el cáncer de próstata

Publicado online el 20 de abril de 2009 | Nature | doi:10.1038/news.2009.376

Las células inmunes de diseño luchan contra el cáncer de próstata

Los “fármacos vivos” parecen prometedores en los primeros ensayos clínicos.
Kendall Powell

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[Los “fármacos vivos” parecen prometedores en los primeros ensayos clínicos. Kendall Powell]

Los resultados preliminares sugieren que las células inmunes diseñadas mediante ingeniería genética han ayudado a dos pacientes con cáncer de próstata avanzado a luchar contra la enfermedad.

El cáncer de próstata mata a más de 28.000 hombres sólo en Estados Unidos durante un año. Aunque muchos pacientes se operen para eliminar esta glándula, el cáncer se puede extender rápidamente a otras partes del cuerpo, normalmente a los huesos. Los tratamientos farmacéuticos actuales, como la terapia de supresión hormonal, normalmente fallan después de unos meses.

Los investigadores extrajeron un tipo de glóbulos blancos denominados linfocitos T o células T de los pacientes, quienes ya se habían sometido a la extracción quirúrgica de la glándula. Estas células normalmente luchan contra las infecciones, pero los investigadores usaron un virus para insertarles genes que las ayudaran a localizar cualquier célula prostática que quedase. Después, las células modificadas se inyectaron nuevamente en los pacientes.

“Las células T son perfectas máquinas de matar”, explicó Richard Junghans, oncólogo del Centro Médico Roger Williams de Providence, Rhode Island, y principal investigador de este estudio. “En un día, una célula T puede matar 100 células objetivo. Nosotros queremos emplear esa potencia para luchar contra el cáncer.”

Reprogramando las células inmunes
Las células T procedentes de los pacientes de Junghans y modificadas mediante ingeniería genética reconocen una proteína en la membrana externa de las células prostáticas llamada antígeno de membrana específico de la próstata o PSMA. Entonces los investigadores crecieron estas células T modificadas hasta que tuvieron mil millones y después las volvieron a inyectar en los pacientes, esperando que éstas buscaran cualquier célula prostática residual y la matasen.

Los pacientes formaban parte de un ensayo clínico en fase I para probar la seguridad de la técnica y sólo recibieron una dosis baja del tratamiento. Sin embargo, el equipo de Junghans ha encontrado que la concentración del antígeno específico de próstata (PSA) –un marcador sanguíneo que se correlaciona con la abundancia de células prostáticas cancerosas– disminuyó drásticamente al 50% en un paciente y al 75% en otro. Los resultados se presentaron en el Congreso anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer celebrado en 19 de abril en Denver, Colorado. No se sabrá cómo es de efectivo el tratamiento hasta que no se pruebe estrictamente en futuros ensayos.

Este tratamiento y algunos otros que están en ensayos clínicos de fase I son los primeros en combinar ingeniería genética de linfocitos T con un nuevo protocolo que ayuda a las células infundidas a vivir durante más tiempo. Los estudios preliminares habían mostrado que las células T modificadas mediante ingeniería genética y devueltas a la circulación sólo sobrevivían unas pocas horas o días. Pero con las nuevas condiciones del procedimiento, el cuerpo de los pacientes se prepara para recibir estas células disminuyendo drásticamente el nivel de glóbulos blancos mediante quimioterapia1. De esta manera, las células T pueden sobrevivir durante meses o quizá indefinidamente.

Con la debida diligencia
Puesto que las células T modificadas son un “fármaco vivo” que no puede ser eliminado una vez que se infunde en el cuerpo, el procedimiento es bastante arriesgado. Las células podrían, por ejemplo, atacar a otros tipos de células sanas. En 2006, un ensayo con células T diseñadas contra el cáncer de riñón tuvo que pararse y ser modificado porque las células parecían estar atacando el tejido sano del hígado2.

“Es responsabilidad del investigador llevar a cabo todas las diligencias necesarias para evaluar todos los tejidos normales del cuerpo y asegurarse que no existe una reactividad cruzada”, afirmó Junghans.

Mark Dudley, inmunoterapeuta del Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda, Maryland, está de acuerdo en que éste es uno de los mayores retos de los investigadores a la hora de diseñar terapias con células T. Declaró que en número relativamente bajo de estas células usado en la terapia también se puede suprimir fácilmente o incluso eliminar con ciertos regímenes farmacológicos.

Sin embargo, incluso con los riesgos, Dudley afirmó que las terapias celulares personalizadas como ésta son “las nuevas tecnologías más apasionantes que existen” y tiene un increíble potencial. “Tenemos muchas razones para creer que los pacientes con cualquier tipo de cáncer deberían ser capaces de responder si se pueden preparar las adecuadas células T específicas para el cáncer.”

Aunque en esta fase I los resultados son esperanzadores, tanto Dudley como Junghans afirmaron que es muy pronto para saber si el tratamiento va a ser realmente efectivo. Junghans aseguró que no estará satisfecho hasta que vea una bajada del 100% en la concentración del PSA. “Esta aproximación implica demasiado trabajo a menos que sea por una curación real”, explicó.

Referencias
1. Dudley, M. E. et al. J. Clin. Oncol. 23, 2346-2357 (2005).
2. Lamers, C. H. J. et al. J. Clin. Oncol. 24, e20-e22 (2006).

 
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