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Los dedos de los dinosaurios muestran cómo las aves consiguieron las alas

Publicado online el 17 de junio de 2009 | Nature | doi:10.1038/news.2009.577

Los dedos de los dinosaurios muestran cómo las aves consiguieron las alas

Una nueva especie de dinosaurio parece destinada a resolver un viejo rompecabezas evolutivo.
Matt Kaplan

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[ Impresión artística del Limusaurus inextricabilis. Portia Sloan ]

Las aves se han considerado generalmente como los descendientes vivos de los dinosaurios, pero desde hace mucho tiempo las diferencias entre las alas de aves y las manos de los dinosaurios han llevado a los paleontólogos a intentar explicar cómo han evolucionado las aves desde sus antepasados los dinosaurios.

Se cree que las alas de las aves se forman de la fusión de los dedos segundo, tercero y cuarto de las manos en el desarrollo del embrión. Los terópodos, dinosaurios predominantemente carnívoros que incluyen a los tiranosáuridos como el Tyrannosaurus rex y dromeosáuridos como el Velociraptor mongoliensis, sólo tenían tres largos dedos.

Sin embargo, los paleontólogos pensaron que se trataba del primer, segundo y tercer dedos porque en los fósiles de los primeros terópodos, como el de Dilophosaurus, estos tres dedos estaban alargados, con lo que parece un cuarto dedo semivestigial y un casi ausente quinto dedo. Basándose en esta especie, parecía que los dinosaurios terópodos perdieron pronto su quinto dedo y después, más o menos en la época del Dilophosaurus, comenzaron a perder también su cuarto dedo.

Pero esta explicación evolutiva dejó a los investigadores preguntándose cómo las aves podrían haber desarrollado alas a partir de los dedos 2, 3 y 4. La explicación que prevaleció era que los terópodos perdieron los dedos cuarto y quinto, y después las aves perdieron su primer dígito y volvieron a desarrollar el cuarto.

Confusión de identidad
Ahora, un equipo liderado por Xing Xu, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín, y James Clark, de la Universidad George Washington en Washington DC, ha propuesto una respuesta más sencilla basándose en una nueva especie de dinosaurio encontrado en las rocas jurásicas formadas hace de 156 a 161 millones de años en la cuenca de Junggar en el oeste de China.

La especie, un ceratosauro denominado Limusaurus inextricabilis, es uno de los primeros terópodos herbívoros y con pico con dos características notables: un primer dedo muy reducido y un metacarpo (hueso inferior de los dedos) en la base del segundo dedo que coincide con los que se encuentran en la base de los primeros dígitos de los tiranosáuridos y dromeosáuridos. Los investigadores han publicado en la revista Nature1 que estas dos características sugieren que los primeros dedos de los últimos terópodos en realidad son los segundos dígitos. Creemos que los dinosaurios terópodos tardíos “tenían los dedos 2, 3 y 4, pero que éstos se habían identificado erróneamente como los dígitos 1, 2 y 3”, declaró Xu.

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[ El Limusaurus tenía un primer dedo vestigial. James Clark ]

Sobre la base de estas pruebas, el equipo sostiene que los primeros terópodos perdieron su primer y quinto dedos y que éstos siguieron perdidos en los terópodos tardíos, una explicación que simplifica enormemente la enrevesada historia evolutiva. “Cuando se considera que las aves tienen los dedos 2, 3 y 4, es mucho más simple que la mayoría de los terópodos también tuvieran 2, 3 y 4”, aseguró Clark.

Este fósil “puede verse como una especie de ‘eslabón perdido’ que muestra una morfología digital intermedia entre las aves y los terópodos más primitivos”, afirmó Paul Barrett, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres.

Una rareza evolutiva
Sin embargo, algunos investigadores están preocupados por cómo se está interpretando el nuevo fósil. “Muchos de los argumentos dependen de que las alas de las aves se formen a partir del segundo, tercer y cuarto dedos, pero es posible que esto no sea así”, explicó Günter Wagner, genetista evolutivo de la Universidad de Yale.

Durante el desarrollo, los dedos se identifican por el tejido embrionario que los forma, dónde crecen y qué genes les dan forma a medida que crecen. Si el tejido que forma el segundo dígito es bombardeado por los genes diciéndole que crezca con la forma del primer dedo, parecerá un primer dedo que ha crecido en el lugar donde normalmente está el segundo. Y hay evidencias experimentales que sugieren que esto es lo que está ocurriendo en las alas de las aves actuales”, afirmó Wagner.

“Los fósiles del ceratosauro podrían mostrarnos una especie en medio del cambio de identidad de un dedo, pero es difícil determinar si los dígitos que vemos en los terópodos tardíos son los dedos segundo, tercero y cuarto o los primero, segundo y tercero en las posiciones del segundo, tercero y cuarto, alterados por el bombardeo genético para parecerse a los dedos segundo, tercero y cuarto”, aseguró.

También es posible que el ceratosauro no desempeñe un importante papel en la historia evolutiva y que sus extrañas manos evolucionasen en respuesta a un estilo de vida que, puesto que tenía pico y era herbívoro en vez de tener dientes y ser carnívoro, era muy diferente de la de los otros terópodos. “Me parece mucho más probable que este nuevo animal simplemente tenga unas manos extrañamente reducidas –declaró Kevin Padian, paleontólogo de la Universidad de California, Berkeley–. Es igualmente razonable que manejar otra curiosa posibilidad evolutiva.”

Referencias
1. Xu, X. et al. Nature 459, 940-944 (2009).

 
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