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Los descubrimientos de virus consiguen en Premio Nobel en Medicina

[Publicado online el 6 de octubre de 2008 | Nature | doi:10.1038/news.2008.1154 ]

Trabajar en el VIH y el virus del papiloma humano también es beneficioso para la salud

Alison Abbott

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Françoise Barré-Sinoussi, que comparte el Premio Nobel de Fisiología o Medicina este año. Institut Pasteur

El Premio Nobel de este año en Fisiología o Medicina honra este año a tres europeos que han descubierto virus que causan enfermedades mortales y cuyos hallazgos han conducido a importantes avances médicos.

Harald zur Hausen, ex director del Centro Alemán de Investigaciones del Cáncer en Heidelberg, Alemania, ha sido honrado por su trabajo en el virus del papiloma humano (VPH), que causa el cáncer cervical. Actualmente se ha desarrollado una vacuna protectora frente a este virus cuyo uso se está extendiendo. Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier comparten la otra mitad del premio por el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana (VIH-1), que causa el sida.

Zur Hausen fue el único que se encontraba en casa cuando recibieron la famosa llamada desde Estocolmo. Montagnier, actual director de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida, estaba trabajando en la Costa de Marfil. Barré-Sinoussi, que trabaja en el Instituto Pasteur en París, estaba en Camboya. El Comité del Nobel fue incapaz de contactar con ellos antes del anuncio oficial.

La búsqueda del virus del sida

Barré-Sinoussi –quien, acompañada únicamente por su teléfono móvil, se sintió abrumada por este acontencimiento– se convierte en la mujer número 36 en ganar un Premio Nobel, en comparación con una lista de 745 hombres premiados. Ella trabajó con Montagnier en el Instituto Pasteur desde el principio de la búsqueda del virus que causaba el sida a principios de los ochenta. Ambos identificaron el virus, al que denominaron originariamente virus asociado a la linfoadenopatía (VAL), en 1983.

En seguida empezó una amarga batalla por este mérito, puesto que Robert Gallo, del Instituto Nacional de Salud Estadounidense en Bethesda, Maryland, reivindicaba ser el verdadero descubridor. Sin embargo, en 1987, los presidentes de Francia y Estados Unidos negociaron un acuerdo para compartir los beneficios del descubrimiento y los investigadores aparentemente enterraron el hacha de guerra en 1990. Muchos creían que el Premio Nobel no se concedería en este campo de investigación –a pesar de su importancia– mientras los ánimos todavía estaban exaltados.

El Comité del Nobel ha dejado ahora clara su posición en un anuncio que incluye un lista de quién descubrió qué y cuándo. Dice que el descubrimiento de Barré-Sinoussi y Montagnier “fue aceptado por la comunidad investigadora y resultó en una explosión de avances científicos”. Y se refiere a la “identificación de Gallo de un nuevo […] virus encontrado un amplio número de pacientes con sida o presida en 1984 [… que] mostraba considerables similitudes con el VAL-1”.

El trabajo de los científicos franceses ha conducido al desarrollo de herramientas diagnósticas y agentes de cribado sanguíneo que han ayudado en la lucha contra la propagación de la enfermedad, particularmente en los países occidentales. También ha permitido el desarrollo de fármacos que combaten el virus de distintas maneras. La combinación de estos fármacos ha aumentado de manera espectacular la esperanza de vida.

Experimentos elegantes

Zur Hausen es el Premio Nobel número 79 concedido en Alemania en el campo de las ciencias y se le considera un hombre educado y modesto que elevó los estándares de investigación del Centro Alemán de Investigación del Cáncer durante su estancia en dicho centro entre 1983 y 2003.

A principios de los setenta, la hipótesis reinante mantenía que el virus del herpes simple era el que causaba el cáncer cervical, una enfermedad que ya se sabía de transmisión sexual. Pero el joven Zur Hausen prefirió creer a sus propios ojos, los cuales no veían el virus del herpes simple en las células de cáncer cervical. Él se fijó en el VPH, ignorando el desdén de sus colegas que creían que ese virus sólo producía verrugas en la piel.

“Los virólogos, y seguro que los ginecólogos, pensaron que era idea sobre el VPH era muy extraña”, afirma el virólogo Pfister, un antiguo colega que ahora trabaja en la Universidad de Colonia. “Pero él se mantuvo firme en su teoría de una forma lógica, sin preocuparse de la polémica que estaba levantando.”

En una serie de elegantes experimentos a los largo de la siguiente década –durante los cuales fue cambiando de universidad en Alemania, asentándose en 1977 en la Universidad de Friburgo–, Zur Hausen identificó muchos tipos diferentes de VPH, que correlacionó con diferentes enfermedades. En 1983 describió el HPV-16, que se da en más de la mitad de los cánceres cervicales humanos, así como en otros cánceres anogenitales. Un año más tarde llegó el HPV-18, que se da en otro 25% de los casos.

“Su trabajo ha influenciado directamente nuestra vida diaria: durante años hemos sido capaces de identificar mujeres con alto riesgo de desarrollar cáncer cervical”, expresa Marion Kiechle-Bahat, jefa del departamento de ginecología de la Universidad Técnica de Munich, que estudió con Zur Hausen en Friburgo. “Y ahora, como consecuencia directa de su trabajo, tenemos una vacuna para proteger a las jóvenes antes de que mantengan relaciones sexuales.”

Unas 500.000 mujeres de todo el mundo reciben la vacuna cada año. La enfermedad es fatal en aproximadamente un tercio de los casos y se espera que la vacuna reduzca estas cifras de manera significativa.

 
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