Sexo y violencia unidos en el cerebro
Publicado online el 9 de febrero de 2011 | Nature | doi:10.1038/news.2011.82
Sexo y violencia unidos en el cerebro
Las células del hipotálamo del ratón determinan si éste se pelea o se aparea.
Ewen Callaway
 [ El comportamiento violento en ratones se ha rastreado hasta las neuronas de una parte del cerebro asociada con el sexo. Moviestore colección Ltd / Alamy ]
El sexo y la violencia están vinculados en los ratones. Una pequeña porción de células en el cerebro de los determina si se pelean o se aparea, y hay buenas razones para creer que los seres humanos poseen un circuito similar.
El estudio, publicado en Nature1, muestra que cuando estas neuronas no están activas, los ratones ignoran a otros machos intrusos que de lo contrario atacarían. Sin embargo, cuando las células se activan, los ratones asaltan objetos inanimados e incluso a las hembras que deberían cortejar.
Las células se encuentran dentro de un área del hipotálamo vinculada con el comportamiento violento. Una sacudida eléctrica en esta zona provoca que gatos y ratas se vuelvan violentos, pero los experimentos neurofisiológicos realizados hace décadas estimularon un área demasiado grande como para identificar los circuitos cerebrales específicos, por no hablar de las neuronas individuales, implicados en la agresión.
Más recientemente, los científicos que estudiaban los ratones modificados genéticamente encontraron que algunos de ellos actuaban de manera más agresiva que los ratones normales. “Realmente no sabemos qué parte del cerebro funciona mal en estos ratones. Por lo tanto, es difícil dar sentido a ese comportamiento”, afirmó Dayu Lin, neurocientífico de la Universidad de Nueva York y autor del estudio, que intentó localizar la agresividad en los ratones mientras trabajaba con David Anderson en el Instituto Tecnológico de California en Pasadena.
Entrando en acción
A diferencia de los gatos y las ratas, activar el hipotálamo de un ratón macho con electricidad no lo hace más belicoso. Para entender qué otras áreas podrían estar implicadas en el comportamiento violento, el equipo de Lin y Anderson expuso a ratones macho a encuentros consecutivos con un macho intruso y una hembra. Entonces examinaron las áreas del cerebro activadas por estos encuentros marcando las células cerebrales con una etiqueta fluorescente que puede distinguir las neuronas activas. Sorprendentemente, las neuronas del hipotálamo ventromedial (HVM) se activaban durante la lucha, pero también con el sexo.
Perplejo, el equipo implantó en los ratones macho electrodos capaces de medir células individuales en esta área del cerebro y observó lo que sucedía cuando los ratones luchaban o se apareaban. La mayoría de las neuronas se activaban específicamente durante el apareamiento o los episodios de violencia, pero algunas se activaban durante estos dos comportamientos aparentemente opuestos.
Posteriormente los investigadores infectaron las neuronas de esta región con un virus que inserta un gen que las hace sensibles a la luz azul: una técnica llamada optogenética. Con una fibra óptica implantada en el cerebro de estos ratones, Lin y Anderson podía activar estas neuronas a demanda.
Cuando lo hicieron, los ratones macho atacaban inmediatamente a otros machos intrusos. Esta activación también provocaba ataques a machos castrados, a quienes normalmente ignoraban, así como a animales anestesiados e incluso guantes de laboratorio inflados.
La activación de estas neuronas también hizo que los machos atacasen a las hembras (véase el vídeo), pero sólo hasta cierto punto. Cuando los machos se encontraban a la hembra por primera vez, la activación de las neuronas generaba el modo de ataque. Sin embargo, si ya se habían apareado, los investigadores no podían provocar el ataque de los ratones. “Están en su propio mundo. No hacen caso a ninguna otra cosa”, aseguró Lin. Sin embargo, si se activaba el circuito de la agresión después del apareamiento provocaba un rápido ataque a la hembra.
La desactivación del centro de agresión también evitaba que los ratones actuasen en impulsos violentos. Los animales que expresan un gen en estas células que lo desactivaba no atacaban a los machos intrusos, aunque mantenía sus apetitos sexuales.
Circuitos enredados
Lin y Anderson han planteado la hipótesis de que la unión de los circuitos cerebrales vinculados con el sexo y la violencia podría ayudar a los ratones a responder adecuadamente a los intrusos, ya sean machos o hembras. Según sugieren, las neuronas activadas por el sexo reprimen la tentación de agredir a una hembra desconocida.
“Necesitan proteger su territorio contra un macho invasor y necesitan mantener relaciones sexuales con las hembras invasoras, y esto parece estar impreso en los circuitos cerebrales –afirmó Clifford Saper, neurocientífico de la Escuela Médica de Harvard en Boston, Massachusetts–. Así protegen los animales su territorio para tener espacio suficiente para alimentar a su progenie.”
Probablemente también existen los mismos circuitos en los seres humanos, declaró Newton Canteras, neurocientífico de la Universidad de São Paulo en Brasil. La estimulación cerebral profunda eléctrica ha vinculado el HVM con comportamientos defensivos, como los ataques de pánico, y es probable que esta región también esté vinculada en la agresión, afirmó.
“Creo que hay muchas razones para pensar que esto sería cierto en los seres humanos”, aseguró Anderson. El hipotálamo es una de las estructuras más antiguas del cerebro y la región también está vinculada a la agresión en los monos.
Tal vez, añadió Anderson, la vía del cerebro que identificó su equipo podría funcionar mal en algunos delincuentes sexuales violentos. “Quizá en esos individuos hay algún tipo de defecto de conexión en estos circuitos cerebrales, de manera que los impulsos violentos y los sexuales no están bien separados.”
Referencias
1. Lin, D. et al. Nature 470, 221-226 (2011).
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