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Un dedo fósil apunta hacia nuevas especies humanas

Publicado online el 24 de marzo 2010 | Nature 464, 472-473 (2010) | doi: 10.1038/464472a

¿Se esconden los secretos del universo en un chip?

Los análisis de ADN revelan un pariente perdido hace 40.000 años.
Rex Dalton

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[ Un hueso de dedo encontrado la cueva Desinova en Siberia puede sumar una rama al árbol de la familia humana. B. Viola ]

En el verano de 2008, unos investigadores rusos desenterraron un fragmento de hueso de un dedo humano en una cueva aislada de Siberia. El equipo lo guardó para posteriores análisis, asumiendo que dicho fragmento provenía de un Neandertal, quienes dejaron una gran cantidad de herramientas en la cueva hace entre 30.000 y 48.000 años. Nada en este fragmento de hueso parecía extraordinario.

Sin embargo, su material genético contaba otra historia. Cuando los investigadores alemanes extrajeron y secuenciaron el ADN del fósil, encontraron que no coincidía con el de los Neandertales ni con el de los actuales humanos, quienes también vivieron en esa época. Los datos genéticos, publicados en Nature1, revelan que el hueso puede pertenecer a una especie desconocida, una especie humana extinguida que emigró de África mucho antes que nuestros parientes conocidos.

“Esto realmente superó nuestras esperanzas”, confirmó Svante Pääbo, autor principal del estudio internacional y director de genética evolutiva del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania. “Casi no lo podía creer. Parecía demasiado fantástico para ser verdad.”

Los investigadores no involucrados en el trabajo alabaron los resultados pero han mostrado cierta cautela en sacar demasiadas conclusiones de un solo estudio. “Con estos datos en la mano no se puede reivindicar el descubrimiento de una nueva especie”, comentó Eske Willerslev, biólogo evolutivo y director del Centro Geogenético de la Universidad de Copenhague.

“Casi no lo podía creer. Parecía demasiado fantástico para ser verdad.”

Si el trabajo posterior apoya las conclusiones iniciales, el descubrimiento puede marcar la primera vez que un pariente humano extinguido se ha identificado por análisis de ADN. Esto también sugiere que los humanos en la edad de hielo eran más variados de lo que se había pensado. Desde finales del siglo xix, los investigadores han sabido que dos especies de Homo –losNeandertales y los humanos actuales– coexistieron durante el final de la última edad de hielo. En 2003, una tercera especie, Homo floresiensis, fue descubierta en la isla de Flores, en Indonesia, pero no se ha descubierto ninguna otra señal de este pequeño “hobbit”. El pariente identificado en Siberia, sin embargo, plantea la posibilidad de que varias especies de Homo se extendieran a través de Europa y Asia, solapándose con los ancestros directos de los hombres modernos.

En las Montañas de Altai de Siberia, un lugar llamado la cueva Desinova ya se conocía como una rica fuente de artefactos de musterienses y Levallois, dos estilos de herramientas atribuidas a los Neandertales. Durante más de una década, los científicos rusos del Instituto de Arqueología y Etnología en Novosibirsk han estado buscando los huesos de los fabricantes de herramientas. Descubrieron varios ejemplares de huesos, manejando cada nuevo hallazgo con guantes para evitar la contaminación con el ADN humano moderno. El ADN propio de los huesos podía ser extraído y analizado.

Cuando se descubrió el hueso del dedo, “no le prestamos una especial atención”, declaró el arqueólogo Michael Shunkov del Instituto de Novosibirsk. Pero Pääbo había establecido una relación con el equipo ruso años antes de la recogida del material para las pruebas genéticas de los humanos de la edad de hielo. Después de obtener el hueso, el equipo alemán extrajo el material genético del hueso y secuenció el ADN mitocondrial (ADNmt), la clase más abundante de ADN y la mejor apuesta para conseguir una secuencia no degradada del tejido ancestral.

Después de releer cada secuencia de ADNmt una media de 156 veces para asegurar la exactitud, los investigadores las compararon con el genoma mitocondrial de 54 humanos modernos, un humano de 30.000 años de antigüedad encontrado en Rusia y 6 neandertales. El ADN de la cueva Denisova pertenecía a una categoría propia. Aunque el genoma mitocondrial de un neandertal difiere del Homo sapiens en unas 202 posiciones de nucleótidos, la muestra de la cueva Desinova difería en 385 posiciones.

Las diferencias implican que el ancestro siberiano se separó del árbol de la familia humana hace millones de años, mucho antes de la división entre los seres humanos modernos y los Neandertales. Si es así, las especies propuestas deben haber salido de África en una migración previamente desconocida, entre la del Homo erectus hace 1,9 millones años y la de los ancestros neandertales los Homo heidelbergensis hace 300.000 a 500.000 años.

El autor del estudio, Johannes Krause, también del Instituto Max Planck en Leipzig, afirmó que los investigadores están ahora generando secuencias de ADN nuclear de los huesos y con la esperanza de obtener el genoma completo. Si tuvieran éxito, sería el genoma humano más antiguo secuenciado, eclipsando el de 4.000 años de antigüedad de los esquimales de Groenlandia que Willerslev y sus colegas publicaron el mes pasado2.

Un genoma completo podría también permitir a los investigadores dar a esta nueva especie un nombre formal. Habían planificado hacerlo en la base del genoma del ADNmt, pero se optó por esperar hasta que se encontraran más huesos o hasta que el ADN proporcionase una clara relación con los humanos modernos y los Neandertales.

Willerslev recalcó que, por sí misma, el ADNmt no verifica que el hallazgo siberiano represente una nueva especie, porque este ADNmt se hereda únicamente de la madre. Es posible que algunos seres humanos modernos y Neandertales que vivieron en Siberia hace 40.000 años tuvieran ADNmt inusuales, que pueden provenir de un previo cruce entre H. erectus, Neandertales, humanos modernos arcaicos u otra especie desconocida de Homo. Sólo el análisis del ADN nuclear definirá correctamente la posición de los parientes siberianos en el árbol de la familia humana.

Los antropólogos también quieren ver datos más elaborados de los sedimentos y una mejor descripción del propio hueso del dedo. “Me gustaría ver una foto del hueso”, exclamó Owen Lovejoy, antropóloga de la Universidad del Estado de Kent en Ohio. “La edad estratigráfica del hueso es de 30.000 a 48.000 años de antigüedad, pero la edad del ADNmt puede ser tan antigua como el H. erectus –explicó Lovejoy–. Eso no nos dice mucho acerca de la evolución humana, a menos que realmente represente una especie ancestral superviviente.”

La cueva ha dado algunas pistas sobre la cultura de los homínidos siberianos, aunque previamente se había encontrado un fragmento de un brazalete pulido con un agujero perforado en la misma capa en que descansaba el hueso3.

Pääbo sospecha que otros ancestros humanos –y nuevos misterios– pueden surgir cuando los genetistas trituren más huesos ancestrales para la secuenciación. “Es fascinante que los estudios moleculares contribuyan en paleontología, donde no se ha podido conservar la morfología –afirmó. Está claro que estamos en el comienzo de muchos acontecimientos fascinantes.”

Referencias

1. Krause, J. et al. Nature doi:10.1038/nature08976 (2010).
2. Rasmussen, M. et al. Nature 463, 757-762 (2010).
3. Derevianko, A. , Shunkov, M. & Volkov, P. Archaeol. Ethnol. Anthropol. Eurasia 34, 13-25 (2008).


 
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