Un mal funcionamiento en los centros energéticos de las células se vincula al Parkinson
Publicado online el 6 de octubre de 2010 | Nature | doi:10.1038/news.2010.518
Un mal funcionamiento en los centros energéticos de las células se vincula al Parkinson
Un error en las mitocondrias podría conducir a la enfermedad y proporcionar nuevas dianas terapéuticas.
Heidi Ledford
 [ Los defectos de las mitocondrias se han relacionado con algunos casos de la enfermedad de Parkinson. Dr. David Furness, Keele University / Science Photo Library ]
Un minucioso análisis de más de 400 muestras de tejido cerebral ha reforzado el vínculo entre la enfermedad de Parkinson y la pérdida de las centrales energéticas de las células, denominadas mitocondrias.
Si se respaldasen por otros estudios adicionales, los resultados, publicados hoy en Science Translational Medicine1, podrían justificar ensayos clínicos de fármacos ya existentes (en la actualidad usados para el tratamiento de otras enfermedades) que activan una vía clave capaz de reparar y reemplazar las mitocondrias disfuncionales.
La enfermedad de Parkinson es una afección devastadora que poco a poco roba a sus víctimas el control muscular. Se desconoce su causa, pero en muchos casos se atribuye a una compleja mezcla de factores de riesgo genéticos y ambientales.
En los últimos años se han recopilado pruebas de que las mitocondrias dañadas contribuyen al daño neurológico causado por la enfermedad. En la década de 1980, algunos drogadictos de California desarrollaron síntomas similares al Parkinson después de consumir una heroína contaminada con una sustancia química llamada MPTP. Más tarde se supo que la MPTP actúa interfiriendo el transporte de electrones en la mitocondria, un proceso vital para la generación de energía. Asimismo, un pesticida ampliamente utilizado llamado rotenona produce síntomas similares en ratas y también interfiere el transporte de electrones mitocondrial.
Además, algunos pacientes con una forma heredada genéticamente de la enfermedad de Parkinson portan mutaciones en genes clave para regular la función mitocondrial.
Estos hallazgos, junto con datos que vinculan otras enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Huntington, con las mitocondrias dañadas, han impulsado la idea de reparar estas mitocondrias como una forma de tratar las enfermedades, declaró Flint Beal, neurólogo del Weill Cornell Medical College en Nueva York y que no participó en el último estudio.
“Las empresas cada vez están más interesadas en las mitocondrias como diana terapéutica –afirmó–. Se está convirtiendo en una aproximación generalizada.”
De amplio alcance
Pero Clemens Scherzer, neurólogo de Harvard Medical School en Boston, Massachusetts, y autor principal del estudio, no se propuso estudiar las mitocondrias. Él y un consorcio internacional de investigadores comenzaron a estudiar patrones de expresión genética en cerebros enfermos y sanos. El equipo recogió datos de aproximadamente diez veces más muestras de lo que nunca antes se había analizado en un único estudio de la enfermedad de Parkinson, aseguró Scherzer, lo que permitió a su equipo a realizar un barrido más sensible de los cambios de expresión génica.
El cribado de millones de datos condujo a diez genes que no se habían asociado previamente con la enfermedad de Parkinson. Todos están involucrados en la función mitocondrial y la generación de energía.
Es más, los genes regulados por una sola proteína denominada PGC-1α se expresaban en niveles anormalmente bajos en pacientes con enfermedad de Parkinson. El aumento de la expresión de esta proteína en neuronas de rata en cultivo fue suficiente para reducir los efectos tóxicos de la MPTP y la rotenona.
Eso, aseguró Scherzer, sugiere que los fármacos activadores de la PGC-1α podrían evitar el daño cerebral causado por la enfermedad de Parkinson.
Nuevos usos para viejos fármacos
Estos fármacos ya se habían buscado como posibles terapias para la diabetes tipo 2, y algunos ya se han aprobado para ese uso. Avandia (rosiglitazona), un medicamento para la diabetes recientemente retirado del mercado europeo ya que aumenta el riesgo de infarto, activa una proteína clave en la vía PGC-1α.
Sin embargo, otro medicamento llamado Actos (pioglitazona) no se ha asociado claramente con el ataque cardíaco y se mantiene en uso. Beal afirmó que ya se ha aprobado un ensayo clínico para probar Actos en pacientes con enfermedad de Parkinson.
El análisis de expresión génica será una herramienta valiosa para la futura investigación, declaró Asa Abeliovich, neuróloga de la Universidad de Columbia Medical Center en Nueva York. Pero todavía no está claro si la vía PCG-1α está específicamente suprimida en la enfermedad de Parkinson o si dicha supresión es sólo una consecuencia del daño mitocondrial generalizado provocado cuando las neuronas se dañan, añadió.
Sin embargo, si la diana PGC-1α tiene un efecto beneficioso en modelos animales, esos detalles podrían no importar a largo plazo. “¿Es toda la función mitocondrial la que está dañada –que es lo que parece– o es sólo PGC-1α la que no funciona? –se preguntó–. “No lo sabemos, pero ¿a quién le importa? Sólo estamos tratando de curar la enfermedad.”
Referencias
1. Zheng, B. et al. Sci. Trans. Med. 2, 52ra73 (2010).
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