Caladeros: ¿Dónde pescamos?
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Caladeros: ¿Dónde pescamos?
Los pescadores de Nueva Inglaterra tienen sentimientos contradictorios sobre un programa diseñado para la recuperación de las especies sobreexplotadas.
Mark Schrope
Nature 465, 540-542 (2010)
Caladeros: ¿Dónde pescamos?

Dave Marciano empezó a trabajar en un barco de pesca comercial cuando tenía diez años. A diferencia de otros muchos de los habitantes de su pueblo natal de Gloucester, Massachusetts, Marciano no tenía una larga tradición familiar como pescador. Su padre era vendedor de seguros. No obstante, ahorró lo suficiente para comprar su primer barco en 1993: el Angelica Joseph, un langostero de 11 metros construido en Maine.
Pero en mayo las cosas dieron un vuelco para Marciano, de 45 años, cuando los gestores de los caladeros regionales implantaron un nuevo sistema para regular la captura de “peces de fondo” como el bacalao, el eglefino y otros predadores que viven sobre o cerca del fondo del mar. Convencido de que no podría sobrevivir económicamente, vendió su permiso de pesca. Ahora duda de que pueda encontrar un comprador para su barco.
Los cambios en Nueva Inglaterra —la región donde se encuentra Massachusetts, así como Connecticut, Maine, New Hampshire, Rhode Island y Vermont— presagian el que probablemente sea el mayor impulso a la gestión de los caladeros estadounidenses en los próximos años o décadas. Por la presión de la nueva legislación los gestores han tenido que rebajar drásticamente el tamaño de las capturas de especies sobreexplotadas. Para ello han decidido implantar cuotas, un cambio radical respecto al antiguo sistema de gestión. Mientras que los sistemas anteriores obligaban a pescar por temporadas y en determinadas zonas, además de imponer otras limitaciones para reducir las capturas, las cuotas son fijas para cada pescador, que es libre de decidir cómo y cuándo la completa. También pueden alquilar sus cuotas o, como en el caso de Marciano, venderlas. En teoría las cuotas tienen ventajas económicas y ecológicas, ya que suponen un flujo de ingresos más constante para los pescadores y mejora los incentivos para las prácticas ecológicas.
Muchos investigadores, conservacionistas e incluso algunos pescadores son cada vez más partidarios de las cuotas y aclaman una nueva política de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), que fomenta su uso generalizado como parte de la solución para los océanos enfermos. Los defensores de las cuotas no son insensibles a los costes económicos y sociales asociados a los grandes cambios en la gestión, pero dicen que los beneficios a largo plazo merecen la pena. No obstante, algunos pescadores, legisladores y científicos cuestionan si la política servirá para recuperar los caladeros y si es justo para los pescadores. Los científicos se enfrentan al hecho de que las cuotas tienen diferentes efectos en distintos lugares. “Las cuotas son una herramienta eficaz para solucionar muchos problemas económicos —afirmó Roy Crabtree, administrador regional de la zona sudeste del Servicio de Caladeros del NOAA—, pero creo que las ventajas desde el punto de vista biológico tienen que estudiarse caso por caso.” Los programas de cuotas de capturas se han utilizado de forma limitada en Estados Unidos, pero el programa de pesca de fondo de Nueva Inglaterra, al ser especialmente exigente, representa una oportunidad única para probar la nueva política de cuotas del NOAA, con lo aprendido en otros caladeros estadounidenses y en otros países.
A principios del siglo xvii, el corsario inglés Bartholomew Gosnold bautizó Cape Cod (Cabo Bacalao) a la sinuosa lengua de tierra que se extiende desde la costa de Massachusetts porque el pez era tan abundante que “irritaba” a su tripulación. Pero ya en 1800, lo irritante era la falta de bacalao y los pescadores tenían que alejarse cada vez más de la costa para obtener su presa. Al final el bacalao se convirtió en una triste fábula de la explotación de los océanos y en objetivo clave de recuperación. La situación varía en las aguas de Nueva Inglaterra, pero las reservas de bacalao con mayores problemas, en el banco Georges, una extensión de 29.000 kilómetros cuadrados de aguas poco profundas situada a 100 kilómetros del cabo (véase el mapa), está justo en el 12% de los objetivos de recuperación, que probablemente sean una pequeña parte de los niveles históricos2.

Durante décadas, los gestores de los caladeros han probado métodos cada vez más restrictivos para recuperar las poblaciones de peces. En los años noventa, el New England Fisheries Management Council estableció el sistema Días en el mar. Se trataba de una compleja serie de frenos a la pesca que incluía limitaciones sobre el número de días que un pescador podía pescar y cuánto se podía capturar al día, junto con el cierre de varios caladeros. Fundamentalmente exigía la ineficacia para limitar las capturas y fue lo bastante restrictiva para reducir el número de barcos de pesca activos de unos 1.200 en 2001 a apenas 600 en 2009.
Gestión del desastre
Algunas poblaciones de peces aumentaron con la política de Días en el mar. No obstante, la mayoría de la gente opinaba que el sistema no funcionaba desde el punto de vista económico. “Días en el mar ha sido un desastre”, dijo Robert Steneck, ecologista marino de la Universidad de Maine en Walpole. Jackie Odell, directora ejecutiva de la Northeast Seafood Coalition, un grupo industrial con sede en Gloucester, opina lo mismo. “La gente estaba muy frustrada”, relató, tanto los pescadores como los científicos.
En 2007 aparece un incentivo aún mayor para buscar un nuevo sistema de gestión con la reautorización y revisión de la Ley Magnuson-Stevens sobre gestión y conservación de caladeros, una ley de ámbito nacional aprobada en 1976 para regular los caladeros. Las nuevas medidas incluían dos ambiciosas resoluciones. En primer lugar, en 2010 los gestores tenían que haber eliminado el exceso de capturas, la práctica de capturar más peces del nivel sostenible, estableciendo anualmente una cuota total permitida para cada población en peligro. En segundo lugar, si oficialmente se ha pescado en exceso una población —una señal clara de que la población es demasiado baja para ser estable—, las capturas totales permitidas deberían ser lo suficientemente bajas para que se recuperaran en una década.
Las cuotas empezaron a parecer más atractivas que las estructuras de gestión tradicionales. Un grupo de pescadores consiguió en 2004 que el consejo aprobara un programa para las capturas de bacalao con anzuelo en el banco Georges. En 2006 el programa piloto se amplió e incluyó la pesca con red en la zona. En junio de 2009 el consejo decidió adoptar el plan como herramienta principal de gestión.
Algunos países habían adoptado y modificado los programas de cuotas desde los años setenta. Considerada una solución basada en el mercado, se trata de reducir la competencia por un recurso limitado otorgando a cada pescador el derecho de capturar una cierta cantidad de peces. Entre las posibles ventajas, las cuotas pueden estabilizar los ingresos de los pescadores y permitirles completar sus cuotas cuando ellos quieran, repartiendo su trabajo. Al eliminar las restricciones por temporada se reducen las condiciones de competición entre pescadores para capturar todo lo posible, incluso con mal tiempo. También se elimina el exceso estacional en los mercados, aumentando potencialmente los precios que los pescadores pueden pedir por sus capturas. Desde el punto de vista ecológico, las cuotas pueden diseñarse para limitar la captura de peces no objetivo, aumentar las poblaciones de peces regulados y posiblemente fomentar una mejor administración de los recursos. Aunque muchos sistemas de reparto de capturas se basan en otorgar a cada pescador una cuota, el consejo de Nueva Inglaterra optó por sectores colectivos en los que se asigna una cuota a los grupos de operaciones pesqueras y luego determinan qué parte de ésta va a cada miembro del sector.
Para el sistema de cuotas en Nueva Inglaterra el principal conflicto no radica tanto en las cuotas cómo en la forma en que éstas se establecen. Y en esto, dicen muchos, la ciencia falla. La reautorización Magnuson-Stevens obliga a que los científicos del NOAA realicen evaluaciones anuales de cada población gestionada. En algunos casos las evaluaciones se estaban haciendo, pero una vez cada cinco años. Y es dudoso que el NOAA tenga actualmente los recursos para incrementar el esfuerzo. “Eso es ciencias con mayúsculas”, declaró Steve Cadrin, biólogo del Servicio de Caladeros Marítimos Nacionales del NOAA con sede en Woods Hole, Massachusetts, y presidente del comité científico que asesora a la comisión de Nueva Inglaterra. Cadrin señaló que la agencia ha propuesto un sistema de estudios plurianuales que establecerían los límites de capturas para un tiempo similar.
 [ El bacalao abundaba en las aguas de las costas de Nueva Inglaterra. North Wind Picture Archives / Alamy ]
Crecimiento de la población
También se ha cuestionado la exactitud de algunos estudios actuales. En Nueva Inglaterra, los mejores datos disponibles muestran que sigue habiendo exceso de capturas de 11 especies o poblaciones regionalmente diferenciadas. Incluso hay más poblaciones con tan pocos ejemplares que no pueden calificarse oficialmente como sobreexplotadas. El Comité de Gestión de la Pesca de Nueva Inglaterra está obligado por ley a reducir drásticamente las cuotas de captura en 2010.
Marciano dice que las medidas adoptadas no se corresponden a su experiencia en el mar. “Si se dejan de lado por un momento las definiciones técnicas de exceso de capturas y se observan las poblaciones en su conjunto, se observa una trayectoria ascendente en los últimos 15 a 20 años. Nunca en mi vida había visto tantos peces.” Pero los pescadores tienen un punto de vista distinto de los científicos, señaló Cadrin. “Salen todos los días y conocen sus fondos muy bien, pero probablemente no tengan una visión global de las distintas áreas y las diferentes especies.” Por ejemplo, quizá no aprecien la importancia de recuperar una serie de poblaciones si algunas de ellas están prosperando. Las investigaciones recientes indican que la variedad genética de las especies es necesaria para garantizar la pesca3.
 [ El pescador Dave Marciano, en 1998 (izquierda) y con su familia en 2007, afirma que la implantación de las cuotas de capturas le ha obligado a dejar el negocio. La familia Marciano ]
Sin embargo, otros científicos ven fallos en los objetivos. Brian Rothschild, que supervisó la implantación de la ley Magnuson-Stevens original por parte del NOAA ahora es profesor de la Universidad de Massachusetts en Dartmouth. Dice que los objetivos de recuperación de algunas especies en peligro son demasiado elevados y que el ecosistema no está capacitado para admitir los niveles máximos de todas las especies al mismo tiempo. “Las capacidades de volumen de los ecosistemas no funcionan realmente así”, aseguró. Otra cuestión es si las cuotas de captura son el mejor método para lograr la recuperación obligatoria de las poblaciones y el aumento de la biodiversidad. Un estudio publicado en 20084 analizaba una base de datos de más de 11.000 caladeros, 121 de los cuales se gestionaban con algún tipo de cuota de captura. El estudio se centraba principalmente en los datos de desembarques y buscaba las caídas en las capturas como señal de desplome de la pesca. Los autores llegaron a la conclusión de que las cuotas por debajo de las capturas tenían menos tendencia al desplome y que las cuotas de captura pueden detener e incluso invertir esa tendencia.
Otros estudios, con diferentes métodos, indican un panorama más complicado. Timothy Essington, ecólogo de caladeros de la Universidad de Washington en Seattle, por ejemplo, estudió detalladamente 15 programas de cuotas de captura en Norteamérica analizando su efecto en las cifras de pesca, el uso de técnicas que dañan el hábitat y los desembarques comerciales5. Los resultados variaban dependiendo de los sistemas y las poblaciones declinaban continuamente en algunos caladeros incluso con el sistema de cuotas. “Depende completamente de la referencia que se tome”, aseguró Essington.
Auge de los crustáceos
Steneck, que formaba parte del grupo de trabajo que examinó el concepto de cuota de captura para el NOAA, dice que el plan podría solucionar la pérdida de diversidad en los caladeros de Nueva Inglaterra, que lleva estudiando más de veinte años. Al principio se centró en las langostas, pero ya antes se había dado cuenta de que peces como el bacalao, que se alimentan de langostas cuando son jóvenes, eran sospechosamente escasos. Su trabajo le convenció de que el ecosistema podía haberse trasladado a un nuevo estado dominado por los crustáceos. Ni siquiera los esfuerzos para limitar sustancialmente la pesca de bacalao en el banco Georges consiguieron recuperar las poblaciones.
Aunque tiene ciertas reservas, Steneck dice que las cuotas de capturas podrían ser un paso en la dirección correcta para la gestión de los caladeros. “Realmente tenemos que trabajar para insuflar más vida en la diversidad del ecosistema marino por el bien y la estabilidad de las poblaciones y también por la diversidad económica.”
“Realmente tenemos que trabajar para insuflar más vida en la diversidad del ecosistema marino.”
Una forma en que pueden conseguirlo las cuotas de captura es reduciendo las capturas accesorias, los peces que no se quieren pescar y que a menudo se descartan. Con el sistema Días en el mar y los planes de gestión más tradicionales, el incentivo es capturar mucho pescado deprisa y no hay penalización individual por las capturas accesorias.
Con el sistema de cuotas de captura los pescadores tienen unas cuotas anuales muy reducidas para las especies con mayor peligro —especies de “choque”— y descartar el pescado es ilegal. Cuando se cumplan las cuotas de las especies de choque, toda la pesca por sector tiene que terminar ofreciendo un fuerte incentivo para evitarlo, por ejemplo trabajando con otros pescadores para identificar y evitar áreas donde hay mayor abundancia de especies de choque. Teóricamente las especies sobreexplotadas tendrán más probabilidades de recuperación.
Otra ventaja que se suele mencionar de las cuotas, y que es más difícil de demostrar, es que el sistema fomenta una mejor administración de los recursos y también del hábitat del que depende un caladero como criadero y zona de desove. Los pescadores podrían, por ejemplo, pedir o consentir nuevas áreas protegidas o limitaciones de técnicas de pesca si creyeran que así iban a mejorar los recursos que comparten. “He visto a pescadores discutir por zonas muy cercanas y zonas sin arrastre por la perspectiva a largo plazo de las cuotas”, afirmó Rod Fujita, investigador principal del Environmental Defense Fund, una organización sin ánimo de lucro con sede en San Francisco, California. Pero Les Watling, ecólogo de aguas profundas de la Universidad de Hawaii en Manoa, dice que no hay que quedarse en la anécdota. “No he visto nada que demuestre que el sector vaya a proteger el hábitat de los fondos gracias a las cuotas de captura”, señaló.
Más allá de esas disputas está la cuestión del reparto de las cuotas. En el sistema de cuotas de captura de Nueva Inglaterra, como en la mayoría, las cuotas se determinan en base al historial de pesca, pero esto puede dar lugar a problemas de justicia. “El problema de la asignación es difícil de resolver —aseguró Essington—. Seguramente habrá quien salga ganando y quien salga perdiendo.” Marciano se considera indudablemente un perdedor. El año pasado capturó casi 36 toneladas de bacalao, pero su cuota de este año era de sólo 16,8 toneladas. No podía comprar las cuotas de otros pescadores. No hay un cálculo seguro de cuántos pescadores como Marciano van a dejar el negocio, pero los contrarios a las cuotas dicen que podrían ser el 50% o más, un número que muchos administradores y científicos cuestionan.
Hay que estar dentro para ganar
El descontento con las cuotas de captura no es unánime entre los pescadores independientes. “Si estás dentro crees que es estupendo. Si no tienes ninguna cuota piensas que es terrible”, dice Larry Huntley, pescador comercial de Pensacola, Florida, donde existen varios sistemas nuevos de cuotas de captura. Tom Dempsey, coordinador de políticas de la Cape Cod Commercial Hook Fishermen’s Association en North Chatham, Massachusetts, que ha ayudado a organizar algunos de los sectores con cuotas de captura, aseguró que muchos pescadores con los que trabaja se muestran optimistas por los problemas que tuvieron con el sistema Días en el mar. “En el pueblo casi todos piensan que este sistema les va ayudar a ser más eficaces y rentables”, declaró. No obstante, añadió que su grupo sigue teniendo problemas con algunos aspectos económicos subyacentes del sistema, como la falta de medidas para protegerles contra la consolidación y los monopolios. Su grupo ya ha puesto en marcha un fondo fiduciario para compara cuotas que después puedan alquilarse a los pescadores que no podrían permanecer de otro modo en el sistema.
“Si estás dentro crees que es estupendo. Si no tienes ninguna cuota piensas que es terrible.”
Muchos pescadores y científicos esperan que el sistema de cuotas se modifique para corregir las desigualdades económicas y otros problemas. Pero los políticos no siempre están dispuestos a esperar. El diputado Barney Frank (Demócrata, Massachusetts) ha propuesto legislación para reducir los requisitos y el calendario de la reautorización Magnuson-Stevens. Huntley dice que teme que estos caprichos sean la mayor amenaza para el éxito a largo plazo del trabajo de recuperación. En el Golfo de México, por ejemplo, además de la presión comercial, los gestores tienen que solucionar la preocupación de los poderosos grupos de presión de pesca recreativa, a los que por lo general no ha gustado nada sus asignaciones con el sistema de cuotas de captura. “Lo que me preocupa es que la política supere a la ciencia —afirmó Huntley—, y no quiero verlo.”
Referencias
1. Steneck, R. S., Vavrinec, J. & Leland, A. V. Ecosystems 7, 323-332 (2004).
2. Rosenberg, A. A. et al. Front. Ecol. Environ. 3, 78-84 (2005).
3. Schindler, D. E. et al. Nature 465, 609-612 (2010).
4. Costello, C., Gaines, S. D. & Lynham, J. Science 321, 1678-1681 (2008).
5. Essington, T. E. Proc. Natl Acad. Sci. USA 107, 754-759 (2010).
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