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Cambio climático: ¿somos más escépticos?

Medicina
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Cambio climático: ¿somos más escépticos?
Muchos climatólogos están preocupados por el aumento del escepticismo sobre el calentamiento global. ¿Está justificada esta preocupación y la reacción de los científicos ante esta situación?
Jeff Tollefson
Nature 466, 24-26 (2010)

Cambio climático: ¿somos más escépticos?

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En noviembre pasado, un pegadizo vídeo musical atrajo la atención de miles de usuarios de YouTube. Con el título de Hide the decline (“escondamos la caída”), el vídeo está protagonizado por una caricatura del climatólogo Michael Mann que admite haber cometido un fraude al crear su famoso gráfico “Palo de hockey”, que muestra la evolución de la temperatura a lo largo del último milenio. Acompañado por un gatito que toca la guitarra, la caricatura de Mann canta con alegría: “inventando datos a la vieja usanza, dando la espalda a los datos día tras día”.

Obviamente, al verdadero Michael Mann, director del Centro de Investigación sobre Sistemas Terrestres de la Universidad Estatal de Pensilvania, el vídeo no le pareció tan gracioso. El grupo responsable del vídeo recibió una carta legal amenazándoles con una demanda por difamación y uso indebido de una imagen sujeta a derechos de autor. Inmediatamente, el vídeo fue retirado de YouTube y sustituido por una nueva versión en la que ya no aparecía dicha imagen.

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[Imagen del vídeo musical en el que se parodiaba el gráfico “Palo de hockey”.]

Mann se ha cansado de enfrentarse a los diferentes grupos que lo critican. Según él, “estos grupos caen en la difamación y las calumnias una y otra vez, pero es muy difícil enfrentarse a ellos por vía legal. Aunque me dieran la razón, es posible que tuviera que dedicar varios años de mi carrera profesional y, sinceramente, como amante de la ciencia no estoy dispuesto a pasar por ello”.

El climatólogo estadounidense no es el único que se plantea cómo responder a la oleada de ataques producidos tras la filtración de correos electrónicos entre climatólogos ocurrida en la Universidad de Anglia del Este, en Norwich (Reino Unido). Además de las parodias y burlas que han aparecido en la blogosfera, los investigadores han sufrido llamadas telefónicas amenazantes, entre otras formas de acoso, y se sienten frustrados ante la pasividad de los gobiernos frente al calentamiento global, a pesar de la existencia de pruebas que demuestran claramente su existencia. Todo ello ha extendido el miedo entre los climatólogos, que temen estar perdiendo la guerra contra la opinión pública, sólo unos años después del apoyo generalizado recibido tras el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) emitido en Ginebra, que fue merecedor del Premio Nobel de la Paz en 2007.

Sin embargo, diferentes encuestas indican que la situación no es tan negra como la pintan muchos investigadores. Existen estudios en Estados Unidos y Reino Unido que demuestran que ha crecido el escepticismo en torno al calentamiento global, pero que la mayoría de la población aún confía en los climatólogos. Además, también hay indicios que apoyan las medidas contra el calentamiento global en los últimos meses.

“A pesar del descenso sufrido en los últimos tiempos, aún existe un fuerte apoyo a los climatólogos.”

Aun así, los científicos y la comunidad científica en general han decidido que es necesario luchar frente a la proliferación de información incorrecta y están recurriendo a nuevos medios para conseguir que se escuche su mensaje. Uno de ellos es mostrar que los climatólogos son también seres humanos. Como dice Brenda Ekwurzel, jefa del grupo para la educación sobre climatología en la Asociación de Científicos Comprometidos de Cambridge (Massachussetts), “estamos intentando combatir la falta de confianza en los climatólogos”. Para ello, pretenden conseguir que los climatólogos sean más accesibles mediante apariciones públicas y en medios de comunicación.

La pregunta es si todo esto funcionará o, incluso, si es necesario. La mejora de la comunicación siempre es positiva, pero algunos sociólogos consideran que no será ni mucho menos suficiente para solucionar los problemas que afectan a los climatólogos.

Un clima muy revuelto
El escándalo de los correos electrónicos que estalló en noviembre llevó a los investigadores a ponerse a la defensiva. Sólo unas semanas después, el IPCC fue blanco de duras críticas por un fallo en la predicción del futuro que espera a los glaciares del Himalaya y, además, se descubrió un error al calcular qué proporción de los Países Bajos se encuentra bajo el nivel del mar. Estos problemas han desencadenado varios estudios sobre el funcionamiento del IPCC, uno de ellos encargado por el parlamento holandés, que va a comenzar de forma inminente. Entre tanto, diversos grupos de expertos han investigado tanto a la Unidad de Investigación Climatológica de la Universidad de Anglia del Este como a sus científicos para determinar si han ocultado información al público de forma indebida.

La mala imagen ofrecida por los climatólogos en los últimos tiempos no ha hecho sino agudizar la caída de los niveles de confianza por parte de la opinión pública que se viene produciendo desde hace varios años. Según una encuesta realizada en enero por las universidades estadounidenses de Yale (New Haven, Connecticut) y George Mason (Fairfax, Virginia), el porcentaje de ciudadanos que cree en el calentamiento global se ha reducido del 71 al 57% entre 2008 y 2010. Por su parte, sólo el 74% confía en la información que los climatólogos ofrecen sobre este fenómeno (frente al 83% en 2008).

“Para acabar con las dudas de los ciudadanos, no basta con ofrecerles más información.”

El director del Proyecto sobre Cambio Climático de Yale y máximo responsable de la encuesta, Anthony Leiserowitz, afirma que el declive observado en ambas estadísticas es más notorio entre los republicanos que entre los liberales o los independientes, lo que indica que se está produciendo un cambio político en Estados Unidos: cuando los políticos empezaron a debatir seriamente en el Congreso sobre las medidas necesarias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los más conservadores no lo acogieron con agrado. Los debates sobre estas cuestiones se centraban a menudo en las consecuencias, positivas o negativas, que podría traer consigo el control de la contaminación para los diferentes sectores de la economía.

Leiserowitz cree que “desde el momento en que la discusión llega al nivel de los legisladores y los políticos que tienen el poder de decidir quién gana y quién pierde, es inevitable que ésta se politice”. El experto añade, además, que estas mismas consideraciones influyeron en la reacción de la gente ante los últimos escándalos: “Algunos sectores de la sociedad estaban mucho más predispuestos que otros a adoptar una opinión totalmente negativa acerca de la climatología”.

Por su parte, Jon Krosnick, psicólogo social que estudia la percepción de la opinión pública sobre el cambio climático en la Universidad de Stanford (California), también ha notado un ligero aumento del escepticismo en torno al cambio climático, aunque recalca que el nivel general de apoyo sigue siendo alto. En su opinión, la bajada de las temperaturas producida en 2008 contribuyó al cambio de la opinión pública. “Su forma de decidir si el cambio climático se está produciendo o no es sacar el dedo por la ventana –afirmó el psicólogo–. Si ahora viene un año con altas temperaturas, las cifras subirán de nuevo.”

Por su parte, las encuestas realizadas en Reino Unido también muestran a largo plazo una disminución de la confianza en las investigaciones sobre el clima. Según un sondeo llevado a cabo este año en la Universidad de Cardiff, el 78% de los residentes en Reino Unido cree que el clima está cambiando, frente al 91% que opinaba así en 2005. Y la tendencia se mantenía a comienzos del año también: un estudio de la BBC realizado en febrero concluyó que sólo el 26% de la población creía que el cambio climático se debía principalmente a la actividad humana, en comparación con el 41% obtenido en noviembre del año anterior.

Sin embargo, los investigadores advierten del riesgo de achacar el declive a los sucesos recientes. Entre los encuestados por la BBC, casi el 75% de los que habían oído hablar sobre las diversas polémicas afirmó que su postura sobre el cambio climático no había cambiado. Además, entre aquellos que afirmaron haber cambiado de opinión, fue más frecuente un aumento de la convicción de que el calentamiento global existe que el caso contrario. Algunos científicos apuntan a que los últimos resultados son reflejo, sobre todo, del invierno pasado, que fue extraordinariamente frío (véase la figura).

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[Fuente: BBC]

Aun cuando el escepticismo en torno al calentamiento global ha aumentado en los últimos tiempos, los investigadores destacan que los niveles de confianza en la climatología y los científicos siguen siendo altos. De hecho, más del 75% de los encuestados por la Universidad de Cardiff atribuyó el calentamiento global a la actividad humana, al menos en parte, y sólo el 18% manifestó que se debe principalmente a causas naturales.

Contando con que no se produzcan más escándalos, muchos investigadores esperan que la polémica suscitada en la opinión pública sea sólo un hecho pasajero. Motivos para creerlo no les faltan: según un nuevo sondeo llevado a cabo en mayo por el equipo de Yale y George Mason, el apoyo a la legislación frente al cambio climático aumentó en todos los perfiles encuestados. El porcentaje de consultados que se mostró a favor del control de emisiones de CO2 aumentó del 71 al 77% y el apoyo a un tratado internacional en el que Estados Unidos se comprometa a reducir sus emisiones en un 90% antes del año 2050 pasó del 61 al 65%

Sin embargo, para los científicos más destacados, este apoyo generalizado a la investigación sobre el clima queda ensombrecido por ataques cada vez más frecuentes. Según afirman, tras la filtración de los correos electrónicos en la Universidad de Anglia del Este, han percibido un aumento de correos electrónicos y llamadas amenazadoras. En febrero, James Inhofe, senador republicano de Oklahoma, publicó un informe en el que acusaba a 17 climatólogos de comportamiento potencialmente delictivo. Dos semanas después se filtró un intercambio privado de correos electrónicos entre miembros de la Academia Nacional de Ciencias (ANC) de Washington D.C., que fue difundido por un medio conservador y desencadenó una nueva oleada de mensajes amenazadores contra las partes implicadas. Paul Ehrlich, biólogo de la Universidad de Stanford, recibió una llamada que le tachaba de comunista “empeñado en destruir a Estados Unidos”. En abril, Kenneth Cuccinelli, fiscal general del estado de Virginia, abrió una investigación sobre la correspondencia en la Universidad de Virginia (Charlottsville) durante el período en que Mann trabajó allí, con el fin de determinar si había incumplido alguna ley o algunas de las condiciones de las ayudas que recibió.

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[Fuente: Yale/George Mason]

Estos hechos han llevado a los científicos a replantearse la forma de afrontar las críticas y relacionarse la población. Algunos de ellos han reaccionado incluso de forma agresiva. En abril, por ejemplo, Andrew Weaver, experto climático de la Universidad de Victoria (Canadá) presentó una demanda por difamación contra el periódico National Post, al entender que había presentado información incorrecta sobre su trabajo, con datos erróneos sobre el calentamiento global.

Sin embargo, algunos investigadores están empezando a reclamar una respuesta mejor coordinada. La comunidad científica optó por no hacer declaraciones sobre el informe de Inhofe, pero el 18 de mayo, la junta directiva de la Asociación Estadounidense para el Desarrollo Científico, con sede en Washington D.C., instó a Cuccinelli a abandonar sus investigaciones por considerar que “podrían tener un efecto devastador y duradero en una gran variedad de campos científicos”. Por su parte, la Universidad de Virginia ha decidido presentar una demanda contra las exigencias de Cucinelli.

Mayor visibilidad
Los científicos están tratando, asimismo, de adoptar una actitud más proactiva para contrarrestar las voces que les acusan de manejar datos secretos y acallar a sus detractores. Ralph Cicerone, presidente de la ANC, opina que la comunidad de climatólogos debe encontrar un modo de mostrarse más abierta. Con ese objetivo, tiene intención de hablar con los editores de publicaciones científicas para establecer unos criterios de referencia sobre el tipo y la cantidad de información que se debe ofrecer al publicar estudios sobre el clima. En su opinión, dichos criterios, además de hacer que el campo sea más transparente, ayudarán a los científicos a distinguir entre peticiones legítimas de datos y actos de acoso. Cicerone cree que “en aquellos campos en que no existen criterios de referencia sobre la cantidad de información que se considera suficiente, hay que crearlos. Y la climatología es uno de estos campos”.

Otros grupos, por su parte, están probando nuevos métodos para hacer la climatología más accesible a la gente. La Asociación de Científicos Comprometidos ha comenzado, por ejemplo, a presentar a diferentes investigadores en su sitio web con el fin de que se ponga cara a los miembros del IPCC, que ha sido un blanco fácil para las críticas, en parte por ser una entidad internacional impersonal. Una de estas investigadoras es Julia Cole, geóloga de la Universidad de Arizona, en Tucson, que participó en la última evaluación del IPCC y que estudia los datos paleoclimáticos obtenidos de las estalagmitas de una cueva de Arizona.

En la organización sin ánimo de lucro Climate Central, con sede en Princeton (Nueva Jersey), los científicos trabajan codo con codo con periodistas y escritores para elaborar artículos sobre el clima que se publican en medios de comunicación asociados. La idea cuajó en 2008, con el apoyo de científicos muy destacados, como Jane Lubchenco, que supervisa gran parte de la investigación sobre el clima en Estados Unidos como responsable de la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional (NOAA). Climate Central ha publicado artículos en revistas y periódicos de gran reputación y ha elaborado asimismo material para la televisión. Por ejemplo, en la revista Time apareció un reportaje basado en un artículo publicado en Nature, en el que se demostraba un incremento de las temperaturas oceánicas (Lyman J. M. et al. Nature 465, 334-337; 2009).

Los investigadores de la Universidad George Mason trabajan junto con Climate Central en un proyecto para conseguir que los presentadores de la previsión meteorológica en televisión cambien la opinión pública sobre el calentamiento global al convertirlo en un fenómeno local. Así, a partir de este verano, el presentador Jim Gandy, del canal de televisión WLTX de Columbia (Carolina del Sur), incluirá el calentamiento global en la sección del pronóstico del tiempo. Algunos de los temas que podrá tratar serán el aumento de las temperaturas máximas y mínimas que se prevén para el próximo siglo o cómo se adaptan los jardineros al cambio climático, entre otros. El equipo de George Mason comprobará el efecto de dicho proyecto en la opinión pública mediante encuestas realizadas al comienzo y al final.

El hecho de que el proyecto comience recurriendo a los presentadores de la previsión meteorológica no es casual: según una encuesta reciente, son la fuente de información sobre el calentamiento global en la que más confían los ciudadanos, a pesar de que algunos no poseen formación en este campo. Edward Maibach, director del Centro para la Difusión del Cambio Climático de la Universidad George Mason, lo explica así: “Ellos son la cara visible, son quienes forman a la gente a un nivel más local. Tenemos la sensación de que los conocemos y confiamos en ellos. Por eso, su capacidad para formar a la gente sobre el cambio climático y conseguir que se implique es mayor que la de los climatólogos”.

En Reino Unido se han tomado medidas similares. En marzo, el Centro de Difusión Científica en Medios de Comunicación reunió a un grupo de climatólogos con el fin de conseguir ampliar el abanico de expertos con presencia en los medios, hasta ahora limitado a unos pocos científicos de élite.

Según Sheila Jasanoff, experta en política científica de la Universidad de Cambridge (Massachusetts), el aumento de la comunicación es beneficioso, en especial si los investigadores logran ayudar a la gente a entender los efectos locales de un fenómeno global. No obstante, advierte que el problema del cambio climático no se resuelve únicamente mediante una mejora de la información, ya que no es sólo una cuestión de dudas en la opinión pública o falta de medidas políticas.

De hecho, aunque una gran parte de la población estadounidense piensa desde hace ya varios años que la actividad humana está provocando un calentamiento del planeta, “nunca ha sido patente que la gente esté dispuesta a tomar medidas que le exijan un sacrificio a pesar de los informes del IPCC”.

Jasanoff destaca como modelo el proceso de regulación sanitaria y medioambiental llevado a cabo por la administración estadounidense, que está abierto a los comentarios sobre las propuestas y que incluye a personas que no pertenecen a la comunidad científica en los comités de asesoramiento. Dicha experta señala, asimismo, que los investigadores deberían buscar formas de ganarse la confianza del público atendiendo a las cuestiones que le preocupen.

Leiserowitz, por su parte, está de acuerdo en que los científicos deben entrar en contacto con la gente, pero también les insta a que sean realistas sobre su propia influencia: “Aunque los climatólogos adquieran de repente una capacidad de acercar al público ideas complejas como la de Carl Sagan, no todo está en sus manos. Sería muy presuntuoso pensar que sólo con comunicarnos mejor podríamos cambiar el mundo de un plumazo”.

 
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