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Colaborar con el agua

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Colaborar con el agua
Los países amenazados por la subida del nivel del mar están empezando a buscar formas de colaborar con la naturaleza para defender sus costas.
Mason Inman
Nature Reports Climate Change 2010; 4: 39-41

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Tradicionalmente, los Países Bajos se han defendido del mar con estructuras de hormigón y metal como la barrera antitempestades Maeslantkering, cerca de Rotterdam.

En ningún lugar se ha luchado más contra el mar como en los Países Bajos. Desde el siglo xv, el país ha construido diques para protegerse de mareas y marejadas ciclónicas, y se ha adentrado en el océano creando nuevas tierras. Durante el siglo pasado sobre todo, los holandeses han vuelto a luchar contra las marejadas ciclónicas procedentes del Mar del Norte “reforzando” su costa, construyendo diques cubiertos de hormigón y rocas, y barreras metálicas que pueden cerrar deltas y estuarios.

Pero a pesar de los esfuerzos titánicos de fortificación, estas recias defensas se ven amenazadas. Actualmente, cerca de la cuarta parte del país está por debajo del nivel del mar y más de la mitad es propensa a las inundaciones. En las últimas décadas, han disminuido los fondos para el mantenimiento de diques y otras defensas y, en una auditoría de 2006, al menos el 25% de estas estructuras no cumplían las normas holandesas establecidas en la ley1. Enfrentados a la realidad de que los niveles del mar van a continuar aumentando durante el resto del siglo —como mínimo con la rapidez con la que están subiendo en este momento—, los Países Bajos se han visto obligados a rediseñar su estrategia y ahora están estudiando una solución de autodefensa más moderada.

El concepto —denominado “ingeniería ecológica”— engloba una variedad de soluciones para colaborar con la naturaleza en lugar de enfrentarse a ella. Los investigadores confían en que estas técnicas, que incluyen la recuperación de humedales, playas y terrenos inundables naturales, puedan ayudar a adaptar los deltas y zonas costeras a la subida de los mares y a la furia de las tempestades.

Los Países Bajos aceptaron la idea de la ingeniería ecológica con la recomendación de la Comisión Delta, un grupo de expertos que, en 2008, elaboró directrices para mantener el país seco a medida que aumenta el nivel del mar. “Después de muchas y largas conversaciones, hemos decidido moderar nuestra idea de cómo proteger la costa neerlandesa”, afirma Pavel Kabat de la Universidad de Wageningen de los Países Bajos y miembro del grupo de expertos. Con este cambio, la Comisión “ha cambiado su filosofía por completo”, declara.

Las soluciones de ingeniería ecológica suelen ser más baratas que fortificar las líneas costeras con muros de hormigón o defender las ciudades con diques aún más resistentes, afirman los partidarios, y a largo plazo serán más eficaces. En ciertos lugares de Estados Unidos y Asia se está adoptando una filosofía similar y, si sus defensores están en lo cierto, la ingeniería ecológica podría ser una de las principales herramientas para adaptarse a la subida del nivel del mar. “Con la subida del nivel del mar, no va a ser posible realizar trabajos de ingeniería como los actuales —señala William Mitsch de The Ohio State University, de Columbus—. Tratar de luchar contra ello con sólidas defensas que protejan todas las costas habitadas, sería realmente duro.” Las soluciones ecológicas, afirma, son “más una cuestión de adaptación a lo que está ocurriendo que de lucha contra ello”.

Dejar que el río corra

Después del desastre producido por el huracán Katrina en 2005, muchos estuvieron a favor de proteger Louisiana con defensas más recias. Según Mitsch, que está revisando el estado de sus planes para el delta, algunos hablaron de “rodear Louisiana con diques para protegerla de las marejadas ciclónicas al estilo de los Países Bajos”. Como en los Países Bajos, esto sería tremendamente caro. Y, según varios expertos en ecosistemas costeros, sería además un desastre ecológico. Mitsch señala que “destruiría por completo el estuario”, que es la base de la pesca en el Golfo de México.

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En Misisipi y en los Países Bajos, los ingenieros de costas están proponiendo la inundación ocasional de algunas tierras de cultivo como una forma de aliviar la presión de los diques y proteger tierras más valiosas o densamente pobladas.

El delta del Misisipi ya se está hundiendo unos 5 milímetros al año de media, aunque algunas partes se hunden con mayor rapidez. Si añadimos que la elevación media global del nivel del mar es de unos 3 milímetros al año, el aumento local del nivel del mar en Louisiana puede ser de hasta 25 milímetros al año: de los más rápidos del mundo2. Las raíces del problema se remontan a 150 años atrás, cuando los residentes comenzaron a construir diques a lo largo de las orillas del río Misisipi para que no se desbordara e inundara las tierras cercanas. Después comenzaron a drenar los pantanos de alrededor de la ciudad de Nueva Orleans para abrir nuevas áreas de explotación. Al hacerlo, aislaron la tierra de las fangosas aguas del río, que son ricas en sedimentos que podían volver a construir el delta. Los humedales del delta, que ayudan a empapar el exceso de agua durante las tormentas, están desapareciendo con rapidez y los diques de Louisiana deben trabajar más duramente para mantener el agua bajo control.

Louisiana se enfrenta a una subida del nivel del mar “a escala monumental”, afirma Mitsch. Esto significa que para que la ciudad de Nueva Orleans sobreviva, no tiene otra alternativa que fortificarse contra la elevación del nivel del mar y las inundaciones. “Por el simple hecho de estar donde está, la ciudad necesita protección”, declara. Mitsch y otros expertos ven en la ingeniería ecológica un futuro mejor para Louisiana. Aunque, según Mitsch, los mandatarios de la región no tienen claro qué camino tomar, una reciente iniciativa federal podría inclinar la balanza a favor de una solución más moderada. A principios de marzo, la administración de Obama publicó una hoja de ruta para recuperar el delta del Misisipi que respalda el esfuerzo del Gobierno estadounidense por restituir los humedales. Elaborada por el Consejo de la Casa Blanca sobre Calidad Ambiental, la Oficina de Gestión y Presupuesto y otras agencias federales, la hoja de ruta insiste en que “a menos que frenemos la rápida pérdida de biodiversidad de la región, los ecosistemas y los servicios que proporcionan desaparecerán”3.

Si esta solución funciona en Louisiana —y en otros lugares que se enfrentan a problemas similares—, la recuperación de los humedales podría ser una herramienta decisiva para proteger las costas de las tempestades y de la subida del nivel del mar durante las próximas décadas. “Esto mismo ocurrirá cada vez en más sitios”, opina Rusty Feagin, ecologista experto en costas de la Universidad A&M de Texas. Para muchas personas que viven en deltas de todo el mundo, la forma en que este estado aborde el problema de la subida del nivel del mar podría ser un caso práctico del que se puede aprender.

Ahora mismo “están creando humedales drenando y bombeando sedimentos para volver a levantar el terreno”, comenta el ecologista de costas John Day Jr. de la Universidad Louisiana State de Baton Rouge. Pero esta solución es muy cara —afirma Day—, quien estima un coste de aproximadamente 30.000-50.000 dólares por acre. Además, drenar y bombear sedimentos sólo funciona a escala relativamente pequeña. Otro método que podría afectar a grandes áreas es dejar que el agua vuelva a entrar abriendo algunos de los diques que protegen tierras de cultivo y otras áreas en las que vive poca gente. Si se deja que los ríos vuelvan a correr por los antiguos terrenos inundables, estas tierras, alimentadas por agua del río y sedimentos podrían volver a convertirse en humedales. “El transvase de ríos es lo único viable que podría tener allí una mínima posibilidad de funcionar”, señala Mitsch.

En cuanto a transvases, “el trabajo de Misisipi va mostrando el camino”, comenta Day. Pero los proyectos existentes sólo implican caudales de aproximadamente una centésima parte de lo que los terrenos inundables recibían antes de levantar los diques —señala—, por lo que es necesario transvasar una cantidad de agua del río mucho mayor. La hoja de ruta de la administración de Obama expone los mismos argumentos, indicando que los proyectos ya planificados o en curso no tienen previsto recuperar los humedales, sino la provisión de un control de inundaciones “para prevenir daños que estén más allá del 'punto sin retorno' de forma que los futuros proyectos [...] tengan mayores posibilidades de éxito”.

Construir protecciones

Al igual que Louisiana, los Países Bajos también podrían beneficiarse al dejar que entrara el agua. Pero cuando la Comisión Delta presentó la idea, a algunos de los campesinos les pareció una propuesta bastante atrevida. La sugerencia era permitir la inundación esporádica de granjas que están situadas en extensiones de turba y protegidas por diques. Sin estas defensas, la tierra quedaría cinco o seis metros por debajo del nivel del mar, una profundidad similar a la de una piscina de salto olímpica. Con una baja productividad, estas granjas reciben fuertes subsidios de la Unión Europea y se bombean como operación de rutina para prevenir que se inunden, un trabajo que los molinos de viento —típica imagen del país— hicieron durante siglos. Pero bombear la tierra resulta caro, al igual que mantener los diques, y el coste no hará más que aumentar cuando suba el nivel del mar.

“Tratar de luchar contra ello con sólidas defensas que protejan todas las costas habitadas sería realmente duro. Las soluciones ecológicas son más una cuestión de adaptación a lo que está ocurriendo que de lucha contra ello.”
William Mitsch

Esto ha planteado la duda sobre la sostenibilidad de mantener secas estas zonas. La Comisión Delta recomendó que se utilizaran mejor para ayudar a proteger otros terrenos más valiosos. En caso de grandes inundaciones, estas zonas podrían hacerse cargo de parte del exceso de agua, aliviando la carga de los diques y evitando inundaciones en otras partes del país. Kabat y sus colaboradores dijeron a los representantes locales: “Puede que, de vez en cuando, tengamos que inundar sus tierras”. “Cuando les dijimos esto, se quedaron estupefactos —recuerda Kabat—. Algunas de estas personas vivieron las inundaciones de 1953, las más destructivas de la historia moderna de los Países Bajos”, explica. Después del desastre, el país puso en marcha un gigantesco programa para reforzar y elevar los diques. “Ahora les estamos diciendo que tienen que abandonar estas tierras. Algo muy difícil de aceptar.”

Sin embargo, en lugar de pedirles que abandonen sus tierras, Kabat afirma que hay formas más creativas de tratar de hacer el cambio. Si las granjas pudieran inundarse ocasionalmente, se convertirían en zonas de marisma. En lugar de ser una fuente de gases de efecto invernadero, la tierra se convertiría en un depósito neto de dióxido de carbono a medida que crecen nuevas plantas4. Por el carbón absorbido, los granjeros podrían vender créditos a través del sistema de comercio europeo de derechos de emisión de gases de efecto invernadero. Según Kabat, si se vendieran al menos 20-35 bonos de carbono por tonelada de dióxido de carbono, los granjeros podrían obtener tantos beneficios por el comercio de carbono como los que obtienen ahora con la explotación de sus granjas.

Otra solución sometida a la consideración de la Comisión Delta es la “colaboración con la naturaleza” o regeneración de playas, por la que se extrae arena del fondo del mar y se esparce por la costa. Actualmente, los Países Bajos están utilizando entre 15 y 20 millones de metros cúbicos de arena para mantener estática la costa, declara Kabat. Con la regeneración gradual, las hierbas de las dunas y otras plantas podrían colonizar las playas, reforzándolas contra tempestades y olas. Según estimaciones de la Comisión Delta, una financiación adicional del 10% sería suficiente para crear mediante la regeneración de playas uno o dos kilómetros más de costa durante los próximos 100 años como protección extra. Si los Países Bajos siguieran adelante con esta estrategia, el plan sería el primero de su categoría, afirma Richard Klein, geógrafo y experto en adaptación del Instituo Medioambiental de Estocolmo. “Sería, desde luego, la primera vez que se utilizaran procesos de costa naturales para proteger zonas urbanas”, comenta.

Una cuestión interesante

No sólo los países acomodados están buscando recuperar sus costas como forma de protegerse contra la subida del nivel del mar. Al analizar las secuelas del tsunami que arrasó el sudeste asiático a finales de 2004, se hizo evidente que algunas regiones costeras habían sufrido menos daños que otras. En muchos deltas, los manglares habían sido cortados para obtener leña o para hacer sitio a los criaderos de camarones u otras explotaciones. Al parecer, otros tuvieron más suerte al dejar sus manglares intactos. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre el grado en que los manglares contribuyeron a amortiguar el impacto del tsunami, Klein cree que su efecto fue considerable. “En los lugares donde no se cortaron los manglares, la tierra que había tras ellos estuvo mucho mejor protegida del tsunami”, afirma.

“Muchos hablan como si pudiéramos eliminar nuestras duras defensas y vivir en armonía con la naturaleza, pero la cantidad de ingeniería ecológica que podemos realizar sigue siendo una cuestión de investigación y desarrollo.”
Robert Nicholls

Desde 2004, varios grupos de conservación —incluidos Wetlands International, World Wildlife Fund y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza— han elaborado el proyecto Green Coast, que ayuda a las comunidades costeras a recuperar sus manglares para que sean más resistentes a las tempestades, las cuales empujan el mar tierra adentro a medida que el nivel aumenta. El esquema facilita a los habitantes locales un incentivo económico para ayudar a plantar manglares y cuidar de los semilleros; por el momento, está teniendo un buen índice de éxito, con una supervivencia de más del 80% de los árboles5. El proyecto Green Coast comenzó en Aceh, Indonesia —una de las zonas más devastadas por el tsunami—, y están poniéndose en marcha proyectos similares en otros lugares de Asia y en varios países de África occidental contra la erosión de las costas y la subida del nivel del mar.

Pero no todo el mundo está convencido de que la ingeniería ecológica vaya a estar a la altura de las afirmaciones de sus defensores. El problema, dice el ingeniero de costas Robert Nicholls, de la Universidad de Southampton, Reino Unido, es que hay pocos datos sobre cuánta ingeniería ecológica podría ayudar o cuánto podría costar. “Muchos hablan como si pudiéramos eliminar nuestras duras defensas y vivir en armonía con la naturaleza”, afirma, pero la cantidad de ingeniería ecológica que podemos realizar “sigue siendo una cuestión de investigación y desarrollo”. Stephen Baig, responsable de la unidad de tempestades del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos hasta su jubilación en 2008, nos ofrece un punto de vista menos entusiasta. Aunque los humedales tienen muchas ventajas, como el refuerzo de las actividades de pesca, son “funcionalmente inútiles como disipadores de tempestades”, afirma Baig.

Incluso los partidarios de la ingeniería ecológica reconocen que sólo pueden llegar a aplazar el daño causado por la subida del nivel del mar. “Podemos colaborar con la naturaleza todo lo que queramos —declara Klein—, pero eso carecerá de importancia si perdemos Groenlandia.” Sin embargo, y por ahora, las soluciones moderadas de ingeniería ecológica están despertando mucho interés, señala Nicholls. “Toda la ingeniería de costas está moviéndose en esa dirección y se están regenerando playas en lugar de reforzar las costas.”

Referencias
1. Working Together With Water: A Living Land Builds for Its Future (Delta Committee, 2008); http://bit.ly/bEOSNs
2. Syvitski, J. P. M. et al. Nature Geosci. 2, 681-686 (2009).
3. Louisiana-Mississippi Gulf Coast Ecosystem Restoration Working Group. Roadmap for Restoring Ecosystem Resiliency and Sustainability (Council on Environmental Quality, Washington DC, 2010); http://bit.ly/bKtIHw
4. Hendriks, D. M. D., Van Huissteden, J., Dolman, A. J. & Van der Molen, M. K. Biogeosci. 4, 411-424 (2007).
5. Restoring Coastal Wetlands: An Effective Climate Change Adaptation. Submission to the UNFCCC Nairobi work programme (Wetlands International, 2009); http://bit.ly/aLaH1r

 
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