Copenhague: la opinión de los científicos
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Copenhague: la opinión de los científicos
La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es fundamentalmente un asunto político, pero ha llevado a cientos de científicos a la capital danesa. ¿Qué esperan conseguir?
Jeff Tollefson

Mientras la cumbre de las Naciones Unidas calienta motores en Copenhague esta semana, más de 15.000 personas se reúnen en la ciudad. Los representantes oficiales de 193 países pasarán una gran parte del tiempo encerrados en el centro de conferencias Bella, pero ellos sólo son una minoría de los visitantes. Alrededor de los negociadores habrá representantes de casi todos los ámbitos de la sociedad, y entre ellos un gran número de científicos.
Los investigadores asistirán a sesiones científicas programadas y se reunirán en innumerables charlas improvisadas en pasillos y cafeterías. Muchos van a presentar sus últimos trabajos en muy diversos temas, como el carbono de los bosques, la situación de las emisiones y las tecnologías verdes. Algunos esperan influir en los políticos y ofrecer consejos técnicos sobre los problemas que surjan durante las negociaciones. Otros vienen a conocer el proceso del tratado y a establecer contactos.
Una cumbre sobre el clima es un frenesí de actividad con negociaciones centrales acompañadas de otras colaterales que se extienden desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. Cuando la sesión formal baja por fin el ritmo (si es que lo hace, ya que a veces los negociadores trabajan toda la noche), las conversaciones suelen continuar durante la cena o tomando una copa.
La reunión de Copenhague, que se celebró entre el 7 y el 18 de diciembre, es oficialmente la 15.ª Conferencia de las Partes (COP) en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se firmo en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992. Los negociadores se han reunido anualmente en las COP desde 1995, pero las expectativas y lo que está en juego en esta cumbre se encuentra a años luz de cualquiera de las anteriores.
Doce años después de dar los primeros pasos con el Protocolo de Kyoto, los países pretenden ahora reestructurar la economía global y acordar grandes reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero para las próximas décadas.
Antes de la cumbre, Nature habló con investigadores de todo el mundo sobre su participación.
Ottmar Edenhofer, copresidente, Grupo de Trabajo III, IPCC; subdirector del Potsdam Institute for Climate Impact Research, Alemania
 “No voy a decir que esté deprimido, pero sí muy triste por el proceso de negociación actual. Pero no creo que los científicos sean capaces de introducir en él cambios fundamentales.”
Edenhofer se encuentra en Copenhague por un doble motivo. Como copresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que trabaja en la paliación del cambio climático va a presentar los resultados de la evaluación del año 2007 en varias sesiones paralelas y reuniones con políticos. Pero esas reuniones suelen dar lugar a nuevos contactos, peticiones y conversaciones en las que, como científico independiente, puede presentar sus propias ideas sobre las últimas investigaciones y lo que significan para los políticos.
Edenhofer dice que las negociaciones no alcanzan lo que se necesita para solucionar el calentamiento global, y que por ahora los científicos no van a poder cambiarlo. No obstante, sostiene que sería un error subestimar el papel de la ciencia en el proceso. Los científicos fueron los primeros en dar la voz de alarma sobre el cambio climático y la cuarta evaluación del IPCC ha servido de base para las negociaciones. Resume los descubrimientos del IPCC de esta forma: los seres humanos provocan el cambio climático; el cambio climático tiene consecuencias graves y reducir las emisiones no es tan caro. “Estos tres mensajes ya han cambiado el punto de vista de los negociadores”, afirma.
Beth Sawin, bióloga y directora de programa, Sustainability Institute, Hartland, Vermont
 “Nuestra filosofía es que la ciencia va a servir, tiene que hacerse ver y quiere ayudar. ¿Qué podemos hacer con nuestro modelo para que sea más útil a personas que están tremendamente ocupadas, agobiadas, sin tiempo y con enormes responsabilidades?”
The Sustainability Institute ha desarrollado un software de modelado climático fácil de usar que puede ejecutarse en un portátil, lo que permite a los negociadores evaluar el impacto definitivo de cualquier hipótesis sobre emisiones. Los negociadores pueden ajustar manualmente las emisiones y otros parámetros para analizar sus propias propuestas y las de otros países; el modelo emite previsiones de variables tales como las temperaturas futuras y la subida del nivel del mar. En Copenhague, dice Sawin, el equipo proporciona un dispositivo que puede instalarse en los ordenadores para conseguir las últimas lecturas sobre el clima cuando el equipo de Sawin actualice su modelo con cualquiera de los nuevos compromisos anunciados por los países.
Esta aplicación ha recibido por lo general opiniones positivas de los negociadores, pero Sawin reconoce la cruda realidad de que algunos delegados están menos interesados en proyecciones climáticas detalladas que en las próximas elecciones de su país. No obstante, encuentra todo el asunto emocionante. “Soy consciente de que en el proceso hay mezquindades, injusticias y fallos, pero al menos está ocurriendo –asegura–. Así que cuando llego a casa y hablo con mis hijos hago hincapié justo en eso, en que estamos viviendo una época en la que las personas están intentando tomar decisiones comunes para proteger nuestro planeta.”
Albert Binger, asesor científico de Grenada y de la Alianza de los Pequeños Estados Insulares
 “Jamás pensé que un día estaría aquí diciéndole a todo el mundo que [el objetivo de] los 2 °C que la mayoría quiere es totalmente disparatado. 2 °C es demasiado para demasiada gente.”
Criado en las montañas de Jamaica, Binger ejerció un breve período como ingeniero químico en la industria petrolera antes de doctorarse en agronomía por la Universidad de Georgia. Actualmente es el delegado oficial que asesora a los países insulares que intentan limitar el calentamiento global medio a 1,5 °C o preferiblemente menos. Oscilando normalmente entre la rabia y el buen humor isleño, asegura. “Todo el mundo tiene que limpiar su maldita basura.”
Aunque Binger tiene total acceso a las conversaciones, deja las negociaciones a los negociadores. Su trabajo es aprovechar las pruebas científicas para exigir objetivos más rigurosos para los gases de efecto invernadero, lo que en la práctica supone ayudar a responder las preguntas que surgen durante las conversaciones y aportar las pruebas científicas que se utilizan en discursos y debates. Como isleño que puede perderlo todo debido a la acidificación de los océanos y la subida del nivel del mar, Binger se lo toma como algo personal. “Queremos 1,5 °C o menos y de verdad no lo pedimos por egoísmo. Todas las personas del planeta estarán mejor con 1,5 °C que con 2 °C. Puedo decirlo con toda tranquilidad.”
Lawrence Buja, creador de modelos climáticos, National Center for Atmospheric Research (NCAR), Boulder, Colorado
 “Hasta cierto punto, el trabajo de crear modelos físicos es mucho más fácil que el de los políticos. Nuestras moléculas no piensan por sí mismas ni empiezan a hacer cosas distintas a mitad del camino”.
En la COP 14 de Polonia en 2008, Buja dio una charla sobre los resultados del modelo climático del NCAR para la cuarta evaluación del IPCC, publicada en 2007. Entonces era responsable del equipo de modelado, pero ahora dirige un nuevo grupo que está desarrollando modelos climáticos integrados que incluyen fuerzas económicas y sociales. Su evolución profesional refleja un cambio mayor –Buja llega a llamarlo “cambio radical”– de NCAR como institución. Los modelos físicos seguirán siendo la actividad central mientras los científicos intentan aclarar y ofrecer más detalles sobre el posible impacto de los gases de efecto invernadero, afirma, pero NCAR reconoce que tiene que ofrecer a los políticos más información sobre las posibles soluciones.
En Copenhague, uno de sus colegas va a presentar los resultados de una serie de modelos que analizan el nivel y el momento de los objetivos de reducción de emisiones, centrándose en el período 2050-2100. Buja estará presente para hablar de estos problemas, así como para responder a las preguntas sobre el modelado físico que actualmente se está realizando para la quinta evaluación del IPCC que debe publicarse en 2014. Pero dice que en estas reuniones la información fluye en ambos sentidos. “Enseñan a los científicos cómo se desarrollan las negociaciones y los acuerdos y cuál podría ser nuestro papel para proporcionar información.”
Martin Parry, científico experto en clima, Imperial College Londres
 “Muchos dirán que para científicos particulares como yo, francamente, no tiene sentido asistir. Pero creo que es una buena oportunidad para conocer a los que se encuentran en los márgenes del sistema político y que posiblemente tengan bastante influencia.”
Si se lo encontraran en Copenhague y le preguntaran cómo van las negociaciones, Parry contestaría que no tiene ni la más remota idea. Su contacto con los negociadores es mínimo o nulo, pero dice que le parece valioso el intercambio de ideas con científicos y activistas. Esas conversaciones pueden ser muy importantes, dice Parry, porque los grupos de defensa, como el WWF, pueden inyectar las últimas ideas científicas en el proceso político cuando intentan presionar a los negociadores y a los representantes de los gobiernos. En Copenhague espera participar en actos de dos tipos, sobre problemas de desarrollo y sobre agricultura.
Parry también piensa en el modo de evaluar los defectos que existen en las respuestas que piensa dar el mundo al cambio climático. Algunas consecuencias pueden evitarse reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Otras pueden solucionarse con suficiente dinero; para los países vulnerables en vías de desarrollo esto significa recibir ayuda económica de los países más ricos. Pero las propuestas actuales de reducción de emisiones y financiación no son suficientes para evitar las principales repercusiones. “Intentamos cerrar la brecha desde ambos lados”, asegura. Parry espera que al atajar el problema de esta forma –y cuantificar las repercusiones– en Copenhague se aclarará en qué se quedan cortos los políticos, tanto en la reducción de emisiones como en el dinero para su adaptación.
Paulo Moutinho, coordinador de investigaciones, Amazon Environmental Research Institute, Brasilia, Brasil
 “Creo que [la estrategia de protección forestal denominada] REDD podría marcar la diferencia en la COP 15, no sólo como una forma de solucionar las emisiones ocasionadas por la deforestación tropical, sino para crear una nueva forma de sinergia entre los países. Estoy convencido. Por eso voy.”
Moutinho empezó su carrera estudiando las hormigas, pero en los últimos años ha pasado la mayor parte de su tiempo buscando una forma de utilizar los mercados del carbono para detener las emisiones ocasionadas por la deforestación y proteger la biodiversidad y los derechos de los pueblos indígenas. Las esperanzas de alcanzar un acuerdo completo en Copenhague se han esfumado, pero apuesta por una decisión importante en el componente del carbono de las reservas forestales denominado Reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal (REDD). A través de REDD, los países más ricos que intentan “reducir” sus emisiones proporcionarían financiación a los países en vías de desarrollo para que protejan sus bosques. En Copenhague, Moutinho va a presentar el último trabajo de su organización sobre REDD en el Amazonas y a hablar sobre los compromisos de Brasil para reducir los gases de efecto invernadero.
Para él, Copenhague es el lugar perfecto. Pasar un tiempo sobre el terreno y publicar artículos en Nature o Science está bien, dice, pero el objetivo debe ser trasladar los resultados de forma que los políticos sean capaces de digerirlos. “La ciencia es la herramienta para lograr el desarrollo sostenible. Eso es lo que pienso de la ciencia y eso es exactamente lo que hago.” Y cuando se trata de REDD, dice Moutinho, la ciencia está cambiando muy deprisa y sigue desempeñando un papel muy importante en las negociaciones. |