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Ecología: un mundo sin mosquitos

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Ecología: un mundo sin mosquitos

Erradicar un organismo tendría importantes consecuencias para los ecosistemasn, ¿verdad? No cuando hablamos de mosquitos.
Janet Fang
Nature 466, 432-434 (2010)

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Día tras día, en el Instituto Militar de Investigación Walter Reed en Silver Spring (Maryland, EE. UU.), Jittawadee Murphy abre el candado de la puerta que la lleva a una sala llena de mosquitos transmisores de la malaria (Anopheles stephensi). Su misión es alimentar a millones de larvas con pescado molido y ofrecer a las hembras ratones inconscientes para que les chupen la sangre del estómago (dejan sin sangre hasta a 24 de ellos al mes). Murphy lleva estudiando los mosquitos 20 años con el fin de limitar la expansión de los parásitos que transmiten. Aun así, ella misma afirma que preferiría que desaparecieran de la faz de la Tierra, un sentimiento que sin duda mucha gente comparte. La malaria infecta cada año a cerca de 247 millones de personas en el mundo y acaba con la vida de casi un millón de ellas. Además, los perjuicios sanitarios y económicos que causan van mucho más allá, ya que también transmiten la fiebre amarilla, el dengue, la encefalitis japonesa, la fiebre del Valle del Rift, el virus Chikungunya y el virus del Nilo Occidental. A ello hay que añadir el factor de las plagas: forman enjambres lo suficientemente grandes para asfixiar a un caribú en Alaska y en esta época del año, cuando más abundan, sus aguijones se clavan en la carne de multitud de seres humanos a lo largo del hemisferio Norte.

¿Alguien o algo los echaría de menos? Nature planteó esta pregunta a los científicos que estudian diversos aspectos de la biología de los mosquitos y de su relación con el entorno y se encontró con algunas respuestas sorprendentes.

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Existen 3.500 especies catalogadas de mosquitos, de los cuales sólo unos pocos cientos pican o molestan a los humanos. Viven en casi todos los continentes y hábitats, y desarrollan funciones importantes en muchos ecosistemas. Según Murphy, “los mosquitos llevan en la Tierra más de 100 millones de años y durante este tiempo su evolución se ha cruzado con la de muchas especies”. Acabar con una de las especies de mosquito podría dejar a un depredador sin presa o a una planta sin polinizador. Por otro lado, analizar un mundo sin mosquitos es algo más que un ejercicio de la imaginación: se están llevando a cabo numerosos proyectos que buscan métodos para acabar con la especie más perniciosa y contagiosa del planeta (véase el apartado “La guerra contra los alados”).

Sin embargo, los científicos reconocen que en muchos casos el vacío creado por la desaparición de un mosquito quedaría rápidamente cubierto por otros organismos. La vida seguiría igual que antes o incluso mejor. En lo que se refiere a los organismos transmisores de enfermedades graves, según el experto en insectos Steven Juliano, de la Universidad Pública de Illinois en Normal (EE. UU.), “es difícil ver el perjuicio que causaría su eliminación, salvo los daños colaterales”. En opinión del entomólogo médico Carlos Brisola Marcondes, de la Universidad Federal de Santa Catarina en Brasil, un mundo sin mosquitos sería “más seguro para nosotros. La eliminación del Anopheles sería un paso muy importante para la humanidad”.

Plagas árticas
La tundra ártica podría ser el lugar en el que más impacto ecológico tendría la eliminación de los mosquitos, ya que allí es donde habitan especies como el Aedes impiger y el Aedes nigripes. Los huevos que ponen los insectos eclosionan al año siguiente cuando se derrite la nieve y en tres o cuatro semanas ya se convierten en adultos. Desde el norte de Canadá hasta Rusia, durante un breve período son extraordinariamente abundantes y en algunas zonas forman enjambres muy numerosos. Según el entomólogo Daniel Strickman, jefe del programa de entomología médica y urbana del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos en Beltsville (Maryland), “se trata de algo muy poco frecuente a nivel mundial. No hay ningún otro lugar en el planeta en el que constituyan una biomasa comparable”.

“Si su existencia tuviera algún beneficio, habríamos encontrado la manera de sacarles provecho. Lo único que siempre hemos querido de los mosquitos es que desaparezcan.”

Las opiniones sobre lo que ocurriría si dicha biomasa desapareciera son diversas. Bruce Harrison, entomólogo del Departamento Medioambiental y de Recursos Naturales en Winston-Salem (Carolina del Norte, EE. UU.), considera que la cantidad de aves migratorias que anidan en la tundra podría reducirse a menos de la mitad sin mosquitos de los que alimentarse. Otros investigadores discrepan. Cathy Curby, bióloga en el Servicio Estadounidense de Protección de la Fauna en Fairbanks (Alaska, EE. UU.), afirma que en las muestras analizadas de los estómagos de aves no abundan los mosquitos árticos y que los jejenes son una fuente de alimento más importante. Según ella, “los humanos corremos el riesgo de calcular un número excesivo de mosquitos en el Ártico ya que éstos se sienten selectivamente atraídos hacia nosotros”. Al día, los mosquitos consumen hasta 300 mililitros de sangre de cada uno de los animales que encuentran en una manada de caribúes, los cuales, según parece, se mueven en contra del viento con el fin de escapar del enjambre. Un pequeño cambio en la senda seguida por éstos puede tener consecuencias muy importantes en un valle ártico a través del cual migran miles de caribúes, que pisan el terreno, comen liquen, transportan nutrientes, sirven de alimento para los lobos y, en general, modifican el entorno. Teniendo en cuenta lo anterior, en el Ártico sí se echaría de menos a los mosquitos, pero ¿qué ocurre en el resto del mundo?

Comida voladora
En opinión del entomólogo acuático Richard Merritt, de la Universidad Pública de Michigan en East Lansing (EE. UU.), “los mosquitos son un alimento delicioso y además son fáciles de atrapar”. Sin sus larvas, cientos de especies de peces tendrían que cambiar su dieta para sobrevivir. Según Harrison, “puede parecer sencillo, pero rasgos tales como los hábitos alimentarios están muy arraigados en estos peces por motivos genéticos”. El pez mosquito (Gambusia affinis), por ejemplo, es un depredador especializado, tan efectivo para matar mosquitos que se suele utilizar en los campos de arroz y en las piscinas para controlar las plagas. Sin ellos, se podría extinguir. La pérdida de este u otros peces podría tener efectos graves en varios niveles de la cadena alimentaria.

Muchas especies de insectos, arañas, salamandras, lagartijas y ranas perderían también una fuente importante de alimentos. En un estudio publicado recientemente, los investigadores llevaron a cabo un seguimiento de aviones comunes, aves que se alimentan de insectos, en un parque de Camargue (Francia), después de rociar la zona con un agente microbiano de control de mosquitos1. Se observó que dichas aves sólo pusieron un promedio de dos huevos por nido, en comparación con los tres que pusieron en los lugares de control estudiados.

Probablemente la mayoría de las aves que se nutren de mosquitos pasarían a alimentarse de otros insectos que, en ausencia de éstos, podrían proliferar para sustituirlos. Puede que otros insectívoros no les echaran de menos para nada: los murciélagos se alimentan principalmente de polillas y sólo el 2% de lo que se encuentra en su estómago son mosquitos. La entomóloga médica Janet McAllister, del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en Fort Collins (Colorado, EE. UU.), plantea lo siguiente: “¿Qué preferiría para reponer la energía pérdida, comer un solomillo de 600 gramos o una hamburguesa de 150?, ¿una polilla o un mosquito?”.

Teniendo un menú con tantas opciones, parece que la mayoría de insectívoros no pasarían hambre en un mundo sin mosquitos. No hay suficientes pruebas de que el ecosistema se vea afectado como para hacer dudar a quienes defienden la erradicación.

A su servicio
En estado larvario, los mosquitos constituyen una buena parte de la biomasa en los ecosistemas acuáticos de todo el mundo. Abundan en cualquier lugar donde haya agua, desde charcos efímeros hasta agujeros en los árboles, pasando por neumáticos viejos, y la densidad de larvas en los terrenos llanos inundados puede ser tan alta que hasta sus movimientos pueden provocar ondulaciones en la superficie. Se alimentan de las hojas caídas, detritus orgánico y microorganismos. La pregunta es si, en ausencia de mosquitos, aparecerían otras especies que lo hicieran. Según Juliano, “muchos organismos procesan el detritus. Los mosquitos no son los únicos ni los más importantes. Si quitas un remache del ala de un avión, no es probable que el avión deje de volar”.

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[Las larvas de mosquito forman un parte importante de la biomasa allí donde hay agua. M. & P. Fogden / Minden Pictures / FLPA]

Los efectos pueden depender de cómo sea el lugar en el que se acumula el agua. Las larvas de mosquito son miembros importantes de las comunidades estables que se forman en las reservas de agua de 25-100 mililitros que se encuentran en el interior de las plantas carnívoras3,4 (Sarracenia purpurea) de la costa Este de Norteamérica. Los mosquitos (Wyeomyia smithii) y los jejenes (Metriocnemus knabi) son los únicos insectos que viven allí, junto con microorganismos como rotíferos, bacterias y protozoos. Cuando otros insectos caen al agua, los jejenes mastican sus carcasas y las larvas de mosquito se alimentan de los productos de desecho, liberando nutrientes para las plantas, como el nitrógeno. En este caso, la eliminación de los mosquitos podría afectar al crecimiento de las plantas.

En 1974, el ecologista John Addicott, ahora en la Universidad de Calgary (Alberta, Canadá) publicó su trabajo sobre la estructura de depredador y presa en las plantas carnívoras, en el que apuntaba una mayor diversidad de protozoos en presencia de larvas de mosquito5. En vista de ello, propuso que las larvas, al alimentarse, reducen la cantidad de protozoos de las especies dominantes, dejando que otras sobrevivan. Las consecuencias más generales para la planta no se conocen.

Un argumento de más peso en favor de la preservación de los mosquitos sería demostrar que éstos proporcionan “servicios ecosistémicos”, es decir, beneficios que los humanos obtienen de la naturaleza. La experta en evolución Dina Fonseca de la Universidad de Rutgers en New Brunswick (Nueva Jersey, EE. UU.) compara el caso con el de las chinches chupadoras, de la familia de los ceratopogónidos. Según sostiene, “a la gente a la que pican esos insectos o que se infecta con virus, protozoos o filarias a través de ellos les encantaría eliminarlos, pero algunos ceratopogónidos son polinizadores de cultivos tropicales como el cacao, por lo que eso significaría un mundo sin chocolate”.

Sin mosquitos, miles de especies de plantas perderían un grupo de polinizadores. Los mosquitos adultos dependen del néctar para obtener energía (sólo las hembras de algunas especies necesitan sangre para obtener las proteínas necesarias para poner huevos). Sin embargo, McAllister afirma que la polinización no es crucial para los cultivos de los que dependen los seres humanos. Según apunta, “si su existencia tuviera algún beneficio, habríamos encontrado la manera de sacarles provecho. Lo único que siempre hemos querido de los mosquitos es que desaparezcan”.

En definitiva, parece que hay pocas cosas que hagan los mosquitos que no puedan hacer otros organismos igual de bien, excepto quizá una: tienen una eficacia letal para chupar la sangre de una persona e inyectarla en otra, ofreciendo así una ruta ideal para la propagación de microbios patógenos.

“El efecto ecológico de eliminar los mosquitos perjudiciales es que aumentaría la población. Ésa sería la consecuencia.”, señala Strickman. Se salvarían muchas vidas y muchas otras ya no quedarían debilitadas por las enfermedades. Aquellos países en los que abunda la malaria, como en el África subsahariana, podrían recuperar un 1,3% de su producto interior bruto, según los cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que cifra en esta cantidad el coste anual de la enfermedad, y podrían acelerar su desarrollo. Según Jeffrey Hii, experto en malaria de la OMS en Manila, habría una “carga menor en el sistema sanitario y los hospitales, el gasto público en sanidad se trasladaría del control de enfermedades infecciosas a otras cuestiones sanitarias importantes y se reduciría el absentismo escolar”.

Phil Lounibos, científico del Laboratorio de Entomología Médica de Florida en Vero Beach (EE. UU.), afirma que “la eliminación de los mosquitos reduciría el sufrimiento humano temporalmente”. Sin embargo, su estudio apunta a que los trabajos para eliminar una especie transmisora de enfermedades serían inútiles, porque su hueco lo llenaría rápidamente otra especie. Su equipo capturó mosquitos hembra transmisores de fiebre amarilla (Aedes aegypti) en chatarrerías de Florida y descubrió que algunos de ellos habían sido inseminados por mosquitos tigre (Aedes albopictus), que transmiten varias enfermedades a los humanos. La inseminación deja estériles a los mosquitos hembra de fiebre amarilla, lo que muestra cómo un insecto puede tomar el lugar del otro.
Teniendo en cuenta las enormes consecuencias humanitarias y económicas de las enfermedades transmitidas por los mosquitos, pocos científicos se atreverían a defender que el coste del aumento de la población humana sea mayor que el beneficio de que esté más sana. Y los “daños colaterales” que se darían en algunos ecosistemas tampoco son muy convincentes. Puede que la noción romántica de que cada criatura posee un lugar vital en la naturaleza no sea suficiente para defender la causa de los mosquitos. En realidad, son las limitaciones que existen en los métodos para acabar con los mosquitos, y no la falta de voluntad, las que hacen que un mundo sin ellos sea poco probable.

Así, mientras los humanos llevan a especies beneficiosas, como el atún o los corales, al borde de la extinción, ni poniendo todo su empeño pueden amenazar seriamente la existencia de un insecto que ofrece pocas ventajas. Según el entomólogo Joe Conlon, de la Asociación Estadounidense para el Control de Mosquitos en Jacksonville (Florida, EE. UU.), “no cumplen una función imprescindible en el entorno; si se eliminaran mañana, los ecosistemas en los que están activos sufrirían una pequeña convulsión repentina y después la vida seguiría su curso. Aparecería algo mejor o peor en su lugar”.

La guerra contra los alados
Los seres humanos han realizado numerosos esfuerzos coordinados para eliminar los mosquitos, aunque no siempre han sido efectivos. Los intentos más exitosos fueron la campaña para la erradicación del Aedes aegypti a principios de los años noventa, que mitigó la propagación de la fiebre amarilla lo suficiente para poder completar el Canal de Panamá, y el uso del larvicida Paris Green para eliminar el transmisor de la malaria Anopheles gambiae en Brasil en 1940. La aplicación del DDT hizo posible que Estados Unidos fuera declarado libre de malaria en 1949.

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[Lucha contra la muerte: fumigación de las calles de Calcuta, India. D. Wylie / Magnum Photos]

Sin embargo, los productos químicos que se utilizaron entonces están actualmente prohibidos en muchos países. En opinión de Roger Nasci, entomólogo del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, “hoy en día no se pueden llevar a cabo acciones tan expeditivas, al estilo militar y, además, ya no disponemos de DDT. Tenía muchos efectos colaterales, pero era un producto excelente para eliminar mosquitos”.

El control de mosquitos mediante el uso de productos menos tóxicos es esencial para mantener el nivel de mosquitos en Florida, el sudeste de Asia y Latinoamérica dentro de niveles aceptables. El control mundial de malaria en 2010 requiere cerca de 1.400 millones de euros para el rociado residual intradomiciliario y 1.550 millones para las redes insecticidas.

Como apunta Nasci, “es una cuestión complicada, por eso aún quedan mosquitos y no se van a ir”.

Los investigadores están desarrollando métodos alternativos de control de mosquitos, algunos de los cuales se presentan aquí:

  • Interferencia por ARN
    Los insecticidas basados en ARN matan los A. aegypti induciendo el suicidio celular6. “Básicamente, ordenan al mosquito que se mate a sí mismo”, expone Stanton Cope, directora del Consejo para la Gestión de Plagas del Ejército estadounidense en Washington, DC.
    Aún no se ha encontrado una fórmula para rociarlos en cantidades grandes.
  • Esterilización de los machos
    Si se introducen en la cantidad suficiente, los machos estériles pueden ralentizar la reproducción. A principios de los años ochenta, los gusanos barrenadores se erradicaron en Estados Unidos con este método: las crisálidas fueron irradiadas y se transformaron en machos estériles que se liberaron hasta que la especie se extinguió.
    No se han realizado aún pruebas de campo suficientes con mosquitos.
  • Productos químicos mejorados
    Los mosquitos se están haciendo resistentes a los actuales insecticidas que actúan sobre el sistema nervioso. Los investigadores están buscando agentes que utilicen otros mecanismos, entre ellos, productos naturales como el aceite de cedro.
    Pendiente de investigación básica para encontrar productos y modos de actuación.
  • Trampas
    En 2003, los investigadores del Ministerio de Agricultura estadounidense eliminaron casi por completo el Aedes taeniorhynchus de una isla en Florida mediante trampas que generan dióxido de carbono para atraer a los mosquitos.
    Bueno para los jardines o las islas pequeñas, pero probablemente inviable a mayor escala.

Referencias
1. Poulin, B., Lefebvre, G. & Paz, L. J. Appl. Ecol. 47, 884-889 (2010).
2. Daugherty, M. P. & Juliano, S. A. Am. Midl. Nat. 150, 181-184 (2003).
3. Daugherty, M. P., Alto, B. W. & Juliano, S. A. J. Med. Entomol. 37, 364-372 (2000).
4. Heard, S. B. Ecology 75, 1647-1660 (1994).
5. Addicott, J. F. Ecology 55, 475-492 (1974).
6. Pridgeon, J. W., Zhao, L., Becnel, J. J., Strickman, D. A., Clark, G. G. & Linthicum, K. J. J. Med. Entomol. 45, 414-420 (2008).

 
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