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Las ciencias del clima en 2009

Medicina
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Las ciencias del clima en 2009
Para las ciencias del clima, el año 2009 trajo importantes descubrimientos y asombrosas controversias.
Kurt Kleiner

1. El calentamiento se hace global
El año empezó con algunas noticias que daban que pensar, si bien no eran del todo sorprendentes: en conjunto, la Antártida se está calentando. Pero aunque una parte de la Península Antártica ya había mostrado un rápido calentamiento, algunas zonas del continente –especialmente en las proximidades del Polo Sur– parecían estar enfriándose inexplicablemente.

En enero, el climatólogo de la Universidad de Washington en Seattle Eric Steig y sus colegas informaron (Nature 457, 459-462; 2009) de que el calentamiento se había generalizado en todo el continente. Utilizando medidas de satélite combinadas con datos históricos de estaciones meteorológicas para interpolar las temperaturas de la Antártida en los últimos 50 años, observaron que la temperatura media de la Antártida Occidental había aumentado 0,1 °C al año. El aparente enfriamiento se debía a que con anterioridad al uso de los satélites sólo se disponía de datos de un número relativamente pequeño de estaciones meteorológicas.

Sus descubrimientos fueron respaldados por un estudio publicado en octubre. En Geophysical Research Letters (36, L20704; 2009), Liz Thomas y sus colegas del British Antarctic Survey informaron de que un núcleo de hielo del sudoeste de la Península Antártica se había calentado 2,7 °C en los últimos 50 años.

Estos estudios ofrecieron las pruebas necesarias para demostrar que el calentamiento provocado por el ser humano se observa en todo el mundo. “Ahora sabemos que el calentamiento se está produciendo en los siete continentes, lo que coincide con las predicciones de los modelos como respuesta a los gases de efecto invernadero”, declaró Steig al New York Times.

2. Confusión con el enfriamiento
En marzo, un artículo bastante técnico en el que se hablaba de la periodicidad del clima se interpretó bastante mal, como si en él se insinuara que nos encontramos en un período de enfriamiento global, y se gastó mucha energía intentando dejar las cosas claras. Kyle Swanson y Anastasios A. Tsonis, de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, escribieron en Geophysical Research Letters (36, L06711; 2009) que aunque en general las temperaturas subieron durante el siglo xx, hubo períodos bien diferenciados de calentamiento y enfriamiento de unos 30 años que se superponían en la tendencia al calentamiento.

Los autores estaban investigando si la variabilidad climática natural, incluidos los acontecimientos a corto plazo de tipo El Niño, podía explicar la alternancia de estas fases. Lo que descubrieron fue que a veces distintos tipos de variación natural en el clima se sincronizan, lo que lleva al clima a un nuevo estado. Según ellos, podríamos haber entrado en una fase así en 2001-2002, por lo que se produciría una pausa en el calentamiento antes de que las temperaturas comenzaran a subir de nuevo.

Algunos críticos discrepaban de las series de datos y se preguntaban si no estarían interpretando mal la variabilidad interanual, en la que las temperaturas caen en algunos años y aumentan en otros, aunque la tendencia a largo plazo es ascendente. “Sea como sea, es importante tener en cuenta que no estamos hablando de enfriamiento global, sino de una pausa en el calentamiento”, escribió Swanson en el blog Real Climate.

En septiembre, el problema del enfriamiento salió a la luz tras un discurso de Mojib Latif ante la Conferencia Mundial del Clima en Ginebra. Latif, climatólogo del Instituto Leibniz de Ciencias Marinas de la Universidad de Kiel en Alemania, habló de la necesidad de una mayor exactitud en la predicción del cambio climático década a década. Señaló que, debido a la variabilidad natural del clima, es teóricamente posible que podamos ver “una década, o quizá dos, en las que la temperatura se enfríe con relación al nivel actual”.
Algunas versiones de la noticia decían que Latif había predicho el enfriamiento global y los detractores del cambio climático se hicieron eco de tales afirmaciones. Entre idas y venidas se perdió de vista que en ambos casos los investigadores admitían que el calentamiento global estaba ocurriendo y seguiría produciéndose a largo plazo.

En noviembre, la Met Office, el Natural Environment Research Council y la Royal Society del Reino Unido publicaron una declaración en la que afirmaban que los últimos diez años habían sido los más calurosos de los que se tenían registros.

3. Ajustar cuentas sobre el nivel del mar
Durante 2009 los científicos avanzaron en los cálculos sobre lo que subiría el nivel del mar a medida que vayan aumentado las temperaturas. En el informe de 2007, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) calculó un aumento máximo del nivel del mar de 59 centímetros para el año 2100, pero añadiendo que era un cálculo por lo bajo porque no tenía en cuenta la aportación de los procesos dinámicos como el desprendimiento de los icebergs, un fenómeno que se observa cada vez más en los límites de Groenlandia y la Antártida.

En marzo, el Congreso sobre el Cambio Climático de Copenhague informó de que los niveles del mar podrían subir hasta un metro para el año 2100. Parte de esta subida procedería de la “expansión térmica”, los océanos se están calentando aparentemente un 50% más deprisa de lo que se pensaba, y el agua se expande cuando se calienta. La otra parte de la subida prevista procede de las láminas de hielo que se funden más deprisa de lo esperado en Groenlandia y la Antártida.

En septiembre, Hamish Pritchard de la British Antarctic Survey y sus colegas (Nature 461, 971–975; 2009) hallaron que las láminas de hielo se están fundiendo mucho más deprisa de lo esperado gracias a un proceso denominado “aclaramiento dinámico” en el que el agua más caliente del océano va rebajando los bordes de las láminas. Como el aclaramiento dinámico no se conoce bien, es posible que los niveles del mar pudieran subir incluso más de un metro para el año 2100.

Pero el caso de la subida del nivel del mar no puede darse por cerrado. En julio, Mark Siddall, de la Universidad de Columbia en Nueva York, y sus colegas sugirieron (Nature Geoscience 2, 571; 2009) que los cálculos del IPCC podrían ser casi ciertos. Simplemente calculando cómo había cambiado el nivel del mar en el pasado en relación con la temperatura global, predijeron que un aumento de la temperatura de 1,1 °C en 2100 provocaría una subida del nivel del mar de sólo 7 centímetros y un incremento de 6,4 °C haría subir 84 centímetros el nivel del mar.

4. Más conversaciones sobre objetivos
Entre las conversaciones sobre los objetivos –si se estabilizan las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera en 450 o 350 partes por millón, o si establecer el tope de emisiones globales en 2015 o 2020 será suficiente para evitar un calentamiento catastrófico–, un grupo de científicos sugirió que sería más fácil centrarse en un número más redondo.

¿Qué número? Un billón de toneladas. Ése es el límite en el que deberían situarse nuestras emisiones acumuladas de dióxido de carbono si queremos tener una oportunidad razonable de evitar el calentamiento por encima de 2 °C, dijeron Myles Allen y sus colegas de la Universidad de Oxford (Nature 348, 1163; 2009).

Dado que ya hemos emitido más de medio billón de toneladas desde el año 1750, sólo nos queda otro medio billón para seguir jugueteando. A la velocidad de emisión actual, llegaremos a esa cifra en 40 años.

Desde el punto de vista político, el objetivo del billón de toneladas conlleva el riesgo de que los responsables de tomar las decisiones sigan retrasando la acción con la excusa de que no corre prisa, mientras nos detengamos antes de llegar a la billonésima tonelada. Pero Allen y los coautores del artículo dicen que el enfoque acumulativo subraya la existencia de un límite definitivo para las emisiones y que, cuanto más se retrase, más drásticas serán las medidas que habrá que tomar cuando se acerque la marca del billón de toneladas.

5. Ciencias del clima bajo pedido
Como las emisiones siguen aumentando, los gobiernos pidieron a los científicos una mayor certeza sobre cómo se presentará el cambio climático a nivel local. A petición del gobierno británico, en julio de 2009 los científicos publicaron una serie de proyecciones regionales detallando de qué forma el país –representado en una cuadrícula de 25 kilómetros– se vería posiblemente afectado por el cambio climático.

Las proyecciones, cuya publicación estaba originalmente prevista en noviembre de 2008, se retrasaron debido a una petición de última hora de una revisión independiente que comprobara la metodología. La revisión llegó a la conclusión de que las proyecciones tenían graves limitaciones que había que aclarar a los usuarios y surgió la preocupación de que los resultados “sobrepasaran la capacidad de las ciencias climáticas actuales”.

“La ciencia no funciona porque todos seamos majos. Quizá Newton fuera un antipático, pero la teoría de la gravedad sigue sirviendo.”
Gavin Schmidt

Las proyecciones forman parte de un nuevo esfuerzo denominado “servicios climáticos” que proporcionará información a medida sobre el cambio climático a los usuarios finales, así como también proyecciones a escalas cada vez menores. Las proyecciones servirán para que regiones concretas se preparen para cambios probables como mayores sequías, peores inundaciones o tormentas más frecuentes.

A pesar de la preocupación que despertaron las ambiciosas proyecciones del Reino Unido, los gobiernos de todo el mundo quieren seguir su dirección y aprender de sus errores. En julio, Alemania abrió el primer Centro Nacional de Servicio Climático en Hamburgo. Estados Unidos también ha anunciado su intención de poner en marcha el Servicio Climático Nacional. En septiembre, la Organización Meteorológica Mundial celebró una conferencia en Ginebra y estableció el Marco Global para los Servicios Climáticos para facilitar el intercambio de información sobre el clima entre países.

6. Excesos y adaptación
Mientras que las emisiones de carbono seguían aumentando y los políticos seguían poniendo pretextos, algunos científicos empezaron a pensar cómo será el mundo si no logramos el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global en 2 °C por encima de los niveles preindustriales.

En un artículo publicado en Nature (458, 1102; 2009), Martin Parry, del Imperial College de Londres, y sus colegas advertían que debemos prepararnos para adaptarnos a la idea de que sobrepasaremos la marca de los 2 °C. Incluso en el caso de que las emisiones alcancen su máximo nivel en 2015 y disminuyan a partir de entonces un 3% anual, hay posibilidades de que superemos los 2 °C, decían. Como medida de precaución deberíamos empezar a planificar cómo adaptarnos a 4 °C.

Este mensaje se reiteró en una conferencia celebrada en septiembre en Oxford; para entonces, los científicos presentes habían investigado bastante más sobre qué consecuencias tendrían 4 °C de calentamiento. Entre otras cosas, en un mundo con 4 °C cabría esperar la destrucción de un billón de dólares de producto interior bruto y, con un aumento del nivel del mar de un metro, la emigración de 146 millones de personas, además de hambrunas, enfermedades, incendios e inundaciones.

Richard Betts, investigador del Met Office Hadley Centre en Exeter, Reino Unido, expuso en la conferencia que las temperaturas podrían alcanzar 4 °C por encima de los niveles preindustriales hacia el año 2060, en parte porque los sumideros naturales de carbono podrían perder su capacidad para absorber carbono de la atmósfera.

En noviembre, un consorcio europeo de 65 centros de investigación llegó a la conclusión de que para no llegar a esos 2 °C, las emisiones tendrían que estar casi cero en 2100, y tendríamos que empezar a extraer carbono de la atmósfera en 2050.

7. La geoingeniería gana terreno
Durante 2009, la geoingeniería se alejó un poco de la ciencia ficción y comenzó a acercarse a la realidad. Hasta ahora, la idea de que deberíamos pensar en controlar activamente el clima nos resultaba extravagante, cuando no directamente peligrosa. Pero como las emisiones han seguido aumentando, esta idea ya no es tan marginal.

En enero se prohibió durante un tiempo que científicos alemanes e indios arrojaran sulfato de hierro al Océano Antártico. Sus investigaciones sobre el efecto de la proliferación de plancton en los ecosistemas marinos se paralizaron por miedo a que se demostrara la viabilidad de una opción de la geoingeniería (véase Nature Reports Climate Change doi:10.1038/climate.2009.135; 2009). Después de conseguir la autorización de los ministerios alemanes, pudieron completar su experimento.

En agosto, la Royal Society del Reino Unido publicó un informe en el que se decía que la geoingeniería podría ser pronto nuestra única esperanza de reducir el calentamiento global si no se logra frenar las emisiones. En Estados Unidos, el Congreso mantuvo sesiones sobre el tema y la Academia Nacional de Ciencias celebró un taller para estudiar ideas concretas. “En algún momento tendremos que dar el paso y empezar a extraer algunos de esos gases de la atmósfera”, declaró Rajendra Pachauri, presidente del IPCC, al Times de Londres justo antes de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en diciembre en Copenhague.

Aunque la mayoría sigue considerando la geoingeniería como una última opción nada atractiva, los autores del libro SuperFreakonomics Steven Levitt y Stephen J. Dubner respaldaron entusiasmados la idea como una solución rápida y barata para el problema del clima. Su idea de que podríamos enfriar el planeta con sólo inyectar aerosoles a la atmósfera levantó un gran revuelo. “El problema no era necesariamente que hablara con los expertos equivocados o que hablara con muy pocos. El problema es que ni siquiera pensó lo más mínimo para darse cuenta de que lo que estaban diciendo (o lo que creía que estaban diciendo) [...] carecía de toda lógica”, escribió Raymond T. Pierrehumbert, científico del clima de la Universidad de Chicago, en una carta abierta a Levitt.

8. Dudas sobre el enfriamiento con aerosoles
Se cree que los aerosoles artificiales podrían contrarrestar el calentamiento global al reflejar la radiación directamente, alargando de ese modo la duración de las nubes. Pero un estudio publicado en octubre (Nature 461, 607; 2009) llegaba a la conclusión de que los aerosoles tienen efectos distintos en función del tipo de nubes y de las regiones en las que se forman y que, en algunos casos, pueden llegar a reducir la duración de la nube. El estudio llegaba a la conclusión de que el enfriamiento por aerosoles probablemente sea mínimo y los autores pedían más investigaciones.

En un estudio publicado también en octubre (Science 326, 716; 2009), un equipo dirigido por Drew Shindell, del NASA Goddard Institute for Space Studies de Nueva York, informó de que el efecto de los aerosoles sobre la temperatura depende de sus interacciones con otros gases de la atmósfera. Hallaron que en un período de 100 años las interacciones de los aerosoles aumentan el potencial de calentamiento del metano en un diez por ciento y cuando se incluyen interacciones aerosoles-nubes, el calentamiento inducido por el metano aumenta entre un 20 y un 40%. El aumento del calentamiento debido a estas interacciones se compensa en parte por un aumento del enfriamiento de los óxidos de nitrógeno que interactúan con los aerosoles de sulfato. El jurado sigue deliberando sobre la influencia global de estas pequeñas partículas aerotransportadas.

9. Alboroto sobre los glaciares del Himalaya
En noviembre, el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de la India publicó un controvertido informe de un glaciólogo jubilado que afirmaba que los glaciares del Himalaya no se están fundiendo por el calentamiento global. Este informe suscitó respuestas airadas de algunos científicos, furiosos porque no había sido revisado por colegas independientes y se basaba en una muestra de sólo 25 glaciares. En una entrevista en Guardian, Rajendra Pachauri, presidente del IPCC, dijo que dichos hallazgos carecían de fundamento. Después de todo, el Informe IPCC 2007 indicaba que los 15.000 glaciares del Himalaya se estaban fundiendo más deprisa que los del resto del mundo y podrían haber desaparecido completamente en 2035. Syed Iqbal Hasnain, glaciólogo del Energy and Resources Institute de Nueva Delhi, declaró al periódico Hindu que el informe utilizaba datos antiguos y que en realidad los glaciares están menguando rápidamente.

Pero Kenneth Hewitt, glaciólogo de la Wilfrid Laurier University de Waterloo, Ontario, declaró a la BBC que algunos glaciares del Himalaya están avanzando. Los cambios en los glaciares parecen variar dependiendo de su ubicación y altitud y no se dispone de datos suficientes para sacar una conclusión general. “El cambio climático está ocurriendo aquí también, pero con consecuencias distintas”, dijo Hewitt.

10. El Climagate aumenta la confusión
Justo antes de las negociaciones de Naciones Unidas de diciembre para llegar a un acuerdo sobre el clima, miles de correos electrónicos y documentos fueron robados de un servidor del Climatic Research Centre de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido y se colgaron en Internet. Denominado, como era de esperar, “Climagate”, el incidente llenó de alegría a los detractores del cambio climático y de vergüenza a algunos científicos del clima, especialmente al director del centro, Phil Jones.

Los correos electrónicos muestran las conversaciones privadas de los investigadores, y no siempre son agradables. Difamaban a colegas y críticos (“La interpretación más amable es que es un completo imbécil...”, dice un científico del clima sobre otro). Hablaban sobre cómo evitar entregar datos sin procesar a los críticos. Se preocupan porque algunas publicaciones se muestran demasiado favorables con otras opiniones.

Lo más preocupante son los correos electrónicos que indican que los investigadores estaban falseando sus resultados. En un correo electrónico de 1999, Jones dice que utilizó un “truco” para “ocultar el descenso” en un conjunto de datos de un gráfico. En otro correo, Jones dice que no va a incluir dos artículos en el informe IPCC “¡aunque tengamos que volver a definir qué es bibliografía revisada por colegas independientes!”. El “truco” parecía referirse a un método estadístico para explicar los defectos de un conjunto de datos sospechosos y los dos artículos se incluyeron finalmente en el informe IPCC.

No obstante, lo que los correos electrónicos no muestran es una conspiración mundial para inventarse el calentamiento global. Pero sí que muestran investigadores sinceros que se esfuerzan por hacer un buen trabajo en un entorno muy politizado, y que a veces pierden los nervios. “La ciencia no funciona porque todos seamos personas encantadoras”, declaró el climatólogo de la NASA Gavin Schmidt a The New York Times. “Quizá Newton fuera antipático, pero la teoría de la gravedad sigue sirviendo.”

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