Vertidos de petróleo: Heridas profundas
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Vertidos de petróleo: Heridas profundas
El vertido de petróleo ocurrido en el Golfo de México superó a todos los anteriores en tamaño y profundidad. Un año después, los mayores daños parecen estar allí donde son más difíciles de localizar.
Mark Schrope
Nature 2011; 472: 152-4

Un peculiar material oscuro cubre gran parte de este coral en el Golfo de México. Una estrella de mar de aspecto enfermizo se aferra al coral, del que sólo una pequeña parte permanece viva.
A finales del año pasado, los oceanógrafos que rastreaban el fondo marino del Golfo de México se encontraron con lo que parecía la escena de un crimen. Las cámaras situadas a bordo de un vehículo controlado remotamente mostraban corales de aguas profundas sin vida y cubiertos por una sustancia marrón. Conforme los investigadores observaban desde arriba una sucesión de escenas tétricas, “el lugar quedó inmerso en el silencio, todo se paró por completo”, recordó Tim Shank, oceanógrafo del Instituto Oceanográfico Woods Hole situado en Massachusetts (EE. UU.) y miembro del grupo de reconocimiento.
El arrecife de coral se encontraba a sólo 11 kilómetros de la boca del pozo de la plataforma Deepwater Horizon, que ese mismo año había derramado más de cuatro millones de barriles de petróleo y una cantidad similar de metano al océano, el vertido accidental más grande de la historia. Este derrame fue único en otros aspectos también. Ocurrido más allá de la plataforma continental y alrededor de 1.400 metros bajo la superficie, el vertido sucedió a mayor profundidad que ninguno de los ocurridos hasta entonces.
“En la plataforma Deepwater Horizon reina ahora un extraño silencio.”
Estos factores contribuyen a que sea mucho más complicado para los investigadores averiguar qué ocurrió y cómo afectó a la vida del entorno. Según Steve Murawski, que en el momento del vertido trabajaba en el Servicio de Pesca de la Administración Océanica y Atmoférica Nacional (NOAA) de Estados Unidos y ahora es biólogo marino en la Universidad del Sur de Florida en San Petersburgo (EE. UU.), evaluar los daños del vertido en el fondo marino es “probablemente una de las tareas más complicadas que pueda haber”. En su opinión, ello se debe “no sólo al entorno físico, sino al amplio abanico de daños posibles”.
Aun así, el seguimiento del petróleo y de sus efectos sigue siendo una tarea esencial. Ayudará, por ejemplo, a determinar la cantidad que debe pagar BP, la empresa a cargo de la plataforma (así como quizá otras empresas consideradas parcialmente responsables) para las labores de restauración. Además, teniendo en cuenta que tanto Estados Unidos como otros países cada vez realizan perforaciones a más profundidad, las conclusiones que se saquen del vertido del año pasado podrían ayudar a responder ante accidentes futuros.
En un primer momento, lo que más preocupaba a los científicos y la población general era el daño que el desastre podía causar en las costas y en las aguas cercanas al litoral. Aunque en estas zonas se produjeron daños, no fueron tan cuantiosos como se temía. En cambio, a medida que se acerca el aniversario del vertido, van apareciendo cada vez más indicios de daños lejos de la costa y en aguas más profundas. Desgraciadamente, el pozo se encontraba en la zona de las profundidades del golfo con una mayor variedad de especies.
Thomas Shirley, que lleva muchos años investigando vertidos en el Instituto de Investigación de Harte de la Universidad Texas A&M, situada en Corpus Christi (Texas, EE. UU.), afirma que su visión del vertido está cambiando: “Estoy empezando a pensar que los mayores daños los vamos a ver en las profundidades marinas”.
Más allá del límite
Como su propio nombre indica, la plataforma petrolífera Deepwater Horizon estaba situada más allá del borde de la plataforma continental, donde el fondo marino cae rápidamente hasta los niveles más bajos dentro del Golfo de México. El 20 de abril de 2010, un estallido catastrófico provocó una explosión en la plataforma petrolífera que causó 11 víctimas mortales y la hundió en el fondo marino. Según los cálculos del gobierno y otras entidades independientes, el pozo accidentado derramó 4,1 millones de barriles de petróleo y, posiblemente, hasta 363.000 toneladas de gas natural a las aguas profundas del Golfo de México.
Según un controvertido informe del gobierno1, las operaciones destinadas a recoger y quemar el petróleo sólo se ocuparon de un cuarto del líquido expulsado del pozo. El resto se disolvió en el mar, se dispersó en gotas pequeñas y se evaporó en la atmósfera o formó en un principio capas de petróleo y bolas de chapapote visibles desde la superficie (véase la figura “¿Qué pasó con el petróleo?”).

Al parecer, parte del petróleo sufrió una transformación poco habitual. Los científicos que inspeccionaron la zona en barco durante las semanas posteriores al desastre observaron extrañas cadenas de material viscoso, que denominaron “moco marino”. El material presentaba el aspecto del petróleo mezclado con fitoplancton y diversa materia orgánica y se asemejaba a una gran cantidad de sopa de huevo muy espesa.
Vernon Asper, geoquímico de la Universidad del Sur de Mississippi cerca de Diamondhead (EE. UU.), nunca había visto nada parecido. “¿Qué va a ocurrir con todo eso? —se preguntó a mediados de mayo, mientras miraba al agua situada a sólo unos kilómetros del lugar de la explosión— ¿Dónde va a ir a parar?” Asper y otros investigadores descubrieron que la sustancia se extendía mucho más allá de la superficie en diversos lugares.
“Se trata de un material muy extraño”, afirmó Ed Overton, químico marino y experto en vertidos de la Universidad Pública de Luisiana, en Baton Rouge (EE. UU.). Sin embargo, aunque muchos investigadores afirmaron haberla visto, pocos de ellos disponían del equipo necesario para recogerlo. “Nos costó una barbaridad obtener muestras válidas”, reconoció Overton. Aunque su equipo aún está analizando muestras obtenidas por otros investigadores, el grupo ya ha realizado algunos descubrimientos interesantes que podrían explicar un aspecto tan extraño.
En los vertidos poco profundos, el petróleo tiende a ascender rápidamente a la superficie, donde queda expuesto a la acción del aire, disolviéndose y evaporándose en patrones químicamente predecibles. Sin embargo, las gotas de petróleo de mayor tamaño procedentes de la boca del pozo de Deepwater Horizon tardaron por lo menos cuatro horas en llegar a la superficie y las más pequeñas lo hicieron mucho más tarde aún. Según Overton, durante ese largo viaje, es posible que las gotas más pequeñas perdieran los hidrocarburos que ayudan a evitar que los diversos compuestos del petróleo se separen.
“Esto cambió las propiedades del petróleo, de forma que pasó, según nuestra hipótesis, de su habitual forma en gotas redondas a estos extraños pegotes en forma de filamento que flotan en la columna de agua —afirmó Overton—. Por desgracia, no recogimos suficiente petróleo para confirmar esta teoría.”
Aun así, dilucidar cómo se transformó el petróleo es una cuestión crucial para los investigadores. Los procesos que tuvieron lugar pueden afectar a la toxicidad del petróleo, así como al tiempo que es probable que perdure.
Si Overton está en lo cierto, las masas fibrosas encontradas por los investigadores son un recuerdo de que el vertido de Deepwater Horizon fue distinto a los demás. Al poco tiempo del desastre, Asper y sus compañeros comenzaron a ver indicios de que parte del petróleo nunca llegó a la superficie, sino que formó hilos difusos más de mil metros bajo la superficie2. En un principio, los informes sobre estos descubrimientos fueron acogidos con escepticismo, en parte porque BP y la mayoría de funcionarios del gobierno esperaban que todo el petróleo flotara. Sin embargo, tanto el grupo de Asper como otros investigadores confirmaron, finalmente, que una proporción desconocida del petróleo había sido arrastrada hasta aguas profundas, quedando allí en forma de hilos3, con unas consecuencias que aún no están claras.
Desde entonces, también ha surgido la polémica sobre qué parte del petróleo se ha asentado en el fondo marino y en qué forma lo ha hecho. Samantha Joye, geoquímica de la Universidad de Georgia en Atenas (EE. UU.), forma parte del equipo que encontró una capa de material grumoso marrón en el fondo marino. En sus propias palabras, dicho material tiene el aspecto de una coliflor sucia y se puede observar a una distancia de hasta 130 km con respecto a la boca del pozo.
Andreas Teske, microbiólogo de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill (EE. UU.), colabora con Joye y apunta la posibilidad de que la capa grumosa procediera del petróleo que se hundió desde la superficie y formara parte, en un principio, del fibroso moco marino antes mencionado. A medida que los microbios consumieron el petróleo, éste habría ido perdiendo densidad y se habría hundido, conjeturó el experto. Kai Ziervogel, biogeoquímico que también trabaja en la Universidad de Carolina del Norte, sometió su hipótesis a prueba en el laboratorio, incubando muestras de agua dulce con petróleo obtenido en la superficie tras el vertido. Observó que se formaban masas de bacterias y petróleo, parte de las cuales se hundieron y cuyo aspecto era muy similar al de la capa grumosa encontrada en los sedimentos.
El equipo de Teske analizó muestras de esta capa grumosa y concluyó que contenía petróleo con un porcentaje extraordinariamente alto de los compuestos más pesados, más difíciles de comer para los microbios, lo que encaja con la idea de que las bacterias pudieron haber consumido los compuestos más ligeros. El grupo también dató la capa grumosa —utilizando para ello la tasa de desintegración radiactiva del torio-234— y concluyó que éste se había formado durante el vertido y poco después de que se produjera.
Joye ha apodado a la capa en forma de coliflor con el sobrenombre de “cementerio”, porque tanto ella como sus compañeros la encontraron en muchos gusanos muertos y otros habitantes habituales de los sedimentos, así como en los restos de medusas y de otros animales. Por otra parte, cerca de la boca del pozo, la capa muestra poca actividad microbiana, lo que indica que no se va a descomponer rápidamente.
El grupo no ha publicado aún estos descubrimientos y acaba de empezar a describirlos en conferencias científicas. Sin embargo, muchos investigadores han puesto en duda la existencia de una capa grumosa de petróleo extendida por el océano. Según Arden Ahnell, responsable científico de la restauración de la costa del golfo de BP, investigadores que trabajan para la empresa han confirmado la existencia de bajas concentraciones de petróleo en algunas de las zonas en las que Joye y sus compañeros recogieron sedimentos, pero no encontró pruebas de que se hubiera extendido una capa de material poco habitual.
Joye ya está acostumbrada a que se ponga en tela de juicio su trabajo, puesto que formó parte del primer grupo que informó de la existencia de hilos de petróleo en aguas profundas. En su laboratorio, muestra la diferencia entre los sedimentos grises normales recogidos en las capas más profundas cerca del lugar del vertido y los sedimentos marrones y grumosos que, según ella, se formaron después del vertido. “Éstos no son sedimentos de aspecto normal. Son la sustancia más putrefacta, fea y asquerosa que uno se pueda imaginar.”
Sus argumentos reciben el apoyo de Amanda Demopoulos, experta en ecología bentónica del Servicio Geológico Nacional de Estados Unidos en Gainesville, Florida (EE. UU.). También Demopoulos encontró un depósito grumoso marrón en uno de los lugares visitados por Joye y sus compañeros. En las muestras de Demopoulos, “algunos caracoles aún se movían, pero el resto de animales que encontré no lo hacían y eso no es normal”, apuntó.
Camino del tribunal
Algunos de estos datos pueden acabar en el tribunal, dentro de un proceso llamado Evaluación del Daño a los Recursos Naturales (NRDA). El gobierno de Estados Unidos utilizará los estudios llevados a cabo a través del NRDA para documentar los efectos del vertido y, posteriormente, decidir qué daños deben ser compensados económicamente por las empresas responsables. Entre otros gastos, deberán reembolsar al gobierno los costes del NRDA.
Dada la vertiente legal del trabajo, muchos de los investigadores que participan en él se mueven en terrenos ajenos a ellos. Algunos de ellos firmaron contratos de confidencialidad que les prohíben hablar de sus resultados sin consentimiento. Además, los investigadores deben seguir unos procedimientos estrictos para la manipulación de las muestras.
Erik Cordes, experto en océanos marinos de la Universidad de Temple en Filadelfia (Pensilvania, EE. UU.), fue uno de los líderes del estudio en corales y desde un principio mostró su frustración con el proceso NRDA. Cordes tenía la intención de llevar a cabo un análisis ampliamente aceptado de las amenazas a los animales de los fondos marinos, pero los asesores legales del NRDA le advirtieron de que existía la posibilidad de que su trabajo no fuera aceptado porque las técnicas no se habían demostrado en un tribunal. “La idea de que exista un dictamen más válido que el de los propios compañeros y el consenso científico es muy difícil de aceptar”, admitió Cordes.
El NRDA es una de las fuentes de financiación más importantes para la investigación sobre los efectos del vertido de petróleo. En última instancia, los científicos deberían acceder a 275 millones de euros para investigación procedentes de BP, pero por ahora sólo se han utilizado pequeñas cantidades de dicho fondo por problemas burocráticos y políticos.4
Una cantidad considerable del dinero de BP se destinará a estudios sobre los daños del vertido en los ecosistemas del golfo. Su emplazamiento a 66 km de la costa puede haber ayudado a limitar el daño en los estuarios y aguas del litoral, si bien estaba ubicado en una región con una gran biodiversidad relativa, afirmó Shirley. Él y sus compañeros han recopilado una base de datos con 15.419 especies presentes en el golfo. Según dicha base, cerca de 1.728 especies habitan en la región alrededor de Deepwater Horizon en profundidades comprendidas entre mil y tres mil metros, en las que está situado el pozo. Según Shirley, “curiosamente, esta zona es la que más especies presenta de todo el golfo, para ese rango de profundidades. BP no podría haber elegido una zona peor para un vertido, por lo menos desde el punto de vista de la abundancia de especies”.
Los investigadores están encontrando indicios de que el daño se extiende a lo largo de toda la columna de agua, desde el fondo marino hasta la superficie (véase la figura “La gran mancha”). Durante la expedición en la que Joye y otros descubrieron los sedimentos, otros investigadores se centraron en las medusas y otras especies que atraparon con redes en las profundidades, a una distancia de hasta 150 km de la boca del pozo. “Normalmente, los animales gelatinosos son rosáceos o traslúcidos, pero muchos de ellos eran de un marrón muy oscuro o incluso negros”, afirmó Joseph Montoya, oceanógrafo del Instituto Tecnológico de Georgia y responsable de la expedición.

En la zona del vertido, poco después del desastre, Asper y sus compañeros sacaron su equipamiento y lo encontraron decorado con los cuerpos sin vida de unos invertebrados conocidos como pirosomas. Según Shirley, es probable que esta especie cumpla un papel muy importante en la cadena alimentaria cerca de la superficie puesto que consume plancton de pequeño tamaño.
Aparte de las víctimas más evidentes, los investigadores han tenido muchas dificultades para encontrar muertes masivas vinculadas claramente al vertido. Este año, los cuerpos de 151 delfines mulares han sido arrastrados a la orilla en la parte norte del golfo, pero anteriormente ya habían ocurrido llegadas masivas de delfines a ese mismo lugar. De hecho, el número de animales con pruebas claras de contaminación por petróleo es mucho menor. Según los datos del NOAA, sólo se han encontrado 6 delfines y 18 tortugas marinas muertas con señales visibles de petróleo.
Los investigadores advierten de que el vertido de petróleo probablemente ha causado un daño mucho mayor del que se ha observado en las ballenas, delfines y tortugas. Blair Witherington, experto en tortugas marinas de la Comisión del Cuidado de los Animales en Melbourne Park, Florida, está especialmente preocupado por las tortugas golfinas (Lepidochelys kempii), la especie menos común de tortuga marina. En su opinión, las tortugas jóvenes son las más vulnerables y se encuentran generalmente a mucha distancia de la costa. Su equipo ha encontrado cientos de ellas con muestras visibles de petróleo.
En el caso de los delfines y otros cetáceos, la diferencia entre las muertes registradas y las reales puede ser muy grande. Basándose en estudios pasados de tasas de mortalidad, un grupo de especialistas en cetáceos concluyó recientemente que “el número real de muertes podría ser 50 veces superior al de carcasas recuperadas”5.
Los más vulnerables
Los investigadores están especialmente preocupados por las criaturas más jóvenes, puesto que el vertido de produjo en una época en la que muchos animales estaban incubando. Se sabe, por ejemplo, que las larvas son especialmente susceptibles a los elementos químicos tóxicos presentes en el petróleo. Además, es posible que los problemas se acrecentaran con los tres millones de litros de material dispersor que se liberaron para separar el petróleo. Este material, en sí mismo, puede ser tóxico y hace que las gotas de petróleo se hagan más pequeñas y, por tanto, sean más capaces de afectar incluso a las especies más pequeñas.
Ed Stellwag, biólogo experto en desarrollo de la Universidad de Carolina del Este en Greenville (Carolina del Norte, EE. UU.), está explorando la forma en que la mezcla del petróleo vertido y el material dispersor afecta a los embriones del pez cebra, el equivalente acuático de las ratas de laboratorio. El científico concluyó que, incluso a niveles de concentración bajos como los que pudieron encontrar muchos animales durante el vertido, la mezcla causaba fallos cardíacos letales y otros efectos perjudiciales en todos los embriones. Stellwag afirma que la evaluación de los efectos del daño embrionario lejos de la costa puede resultar muy complicada, si no imposible, puesto que la mayoría de las larvas acaba siendo alimento de los animales más grandes en aguas superficiales. Es probable, teme, que las larvas dañadas se conviertan en alimento antes de acabar en la red de un investigador.
Los estudios sobre larvas todavía se están llevando a cabo en el marco del proceso NRDA. Sin embargo, dada la dificultad del proceso y el control sobre la información suministrada, puede que pasen años antes de que los investigadores sean capaces de ofrecer una evaluación de los daños causados por el vertido sobre las larvas de los peces y los miles de habitantes del golfo.
En el momento más crítico de la crisis el año pasado, miles de personas acudieron en tropel a la zona del vertido para frenar el derramamiento y mitigar los daños. Un año más tarde, en Deepwater Horizon reina un extraño silencio. El último barco de perforación partió en febrero y desapareció en el horizonte. En la superficie del agua, no hay rastros perdurables de la crisis, pero bajo ella, todo es distinto. La explosión de una de las plataformas de perforación más avanzadas del mundo se esconde bajo el fondo marino, al igual que los daños ecológicos que están resultando ser tan difíciles de evaluar.
1. The Federal Interagency Solutions Group, Oil Budget Calculator Science and Engineering Team Oil Budget Calculator: Deepwater Horizon available at go.nature.com/tfnxjf.
2. Schrope, M. Nature 466, 680-684 (2010).
3. Camilli, R. et al. Science 330, 201-204 (2010).
4. Schrope, M. Nature 470, 317-318 (2011).
5. Williams, R. et al. Conserv. Lett. doi:10.1111/j.1755-263X.2011.00168.x (2011).
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